Aquel 22 de septiembre en que creí morir

septiembre 21, 2008

De cómo a cierta edad, la vida nos compensa la falta de energía que nos produce la caída de nuestras hojas (nos vamos quedando cada vez más solos) es aún hoy, un misterio para mí. He releído todo lo que durante estos años había escrito en fechas como la de hoy: creo que las horas dedicadas a este blog han merecido la pena. Estoy en esa “serenidad” con la que algunos sustituyen la palabra felicidad; estoy serenamente saciado de cuanto podía desear en mi vocación de blogger antibloguero. Igual que vine a sabiendas que sería para quedarme, sabía perfectamente lo que nunca aceptaría ser.

Y es que, de porqué las metas marcadas cada 1 de enero (¿recuerdan ustedes las suyas?) no se han hecho realidad, pertenece más al mundo de la sensualidad y el que, por internet, a mí no se me puede enamorar. La utopía ahí queda, pero en nada desmerece que de ser un excluído social sin techo, sin familia, y sin esperanza de solución, en tres años la vida me ha rescatado, devuelto a quienes más quería, y yo he disfrutado -al contarlo- de cada una de las horas que junto a mi blog he pasado. Sin ustedes nada; sólo con ustedes fue posible; este infinito milagro se hizo realidad. Gracias, muchas gracias.

The Crossing, el juego

Vanessa Maers, Buterfly lovers


Las estanterías

septiembre 2, 2008

Al inicio de la época estival solía hacer una limpieza a fondo de las estanterías de mi habitación. Quien haya hecho alguna mudanza sabrá la cantidad de objetos perfectamente prescindibles que se acumulan, año tras año, en una casa. El rito de ir expurgando libros, revistas, figuritas, carpetas repletas de recortes de prensa, pequeños obsequios e incluso algunos cd’s acumulados durante esa primera mitad del año, se convertía en un ejercicio de mirada atrás y reflexión sobre el paso fugaz de los últimos seis meses de mi vida. Iba metiendo todo en pequeñas cajas de cartón sin orden ni concierto; cajas de cartón que pernoctaban en la terraza, hasta que llegara el momento de cargarlas en el coche que me habría de llevar al chalet que la familia tenía junto al mar.

Al llegar septiembre regresaba la soledad. La familia se iba a Madrid, los veraneantes a sus ciudades y en la quietud de la tarde yo me sentaba en la mecedora mirando al mar. Iba sacando uno a uno los objetos que quedaban de las cajas (al despedirme de los conocidos ya había regalado muchos de aquellos recuerdos) y, o bien no recordaba ni porqué los había conservado en las estanterías, en cuyo caso iba directo a la papelera, o pasaba la tarde releyendo alguna noticia curiosa, un asunto que parecía iba a dar mucho que hablar y en realidad había acabado en nada o disfrutando de la lectura pausada de un reportaje sabiendo que al finalizar, lo dejaría caer definitivamente en la caja de “cosas para tirar”. Cada objeto evocaba una historia. Ay, qué tardes septembrinas de recuerdos y lectura junto a la quietud del mar.

Al regreso de las vacaciones, nada más entrar en casa, descorría las cortinas de las habitaciones, subía las persianas, abría las ventanas y allí aparecían en su austeridad las estanterías casi vacías. Cuánta sobriedad, y qué diáfano me resultaba aquel cuarto; parecía esos pisos de la gente joven que se acaba de independizar. Si bien es cierto que la desnudez de las baldas me enfrentaba a la soledad e intemperie de mi existencia, muy pronto sería sustituida por la cálida y alegre decoración de la navidad.

escuchando “Melancolía“, de Lucas


Подмосковные Вечера

mayo 17, 2008

“Para estudiar alta cocina…”. Como ofendido, pero sin el como: “Psiquiatría, estudio para ser psiquiatra, y muy bueno además; me ofrezco a tratarle: lo necesita abuelo”. “¡Acabáramos!, ¡Un loquero profesional en mi casa!. Pues prepárate Germancito. Observé antes el exagerado gesto de desaprobación cuando encendí mi pitillo; de tan elaborado deduje que lo haces con frecuencia… en tu casa. ¿Me equivoco?. Tu padre fuma. Cualquier psicoanalista lo habría interpretado como un rechazo a la figura del Padre”. Germán se puso rojo como un tomate: “Veo que eres de los que piensan que la mejor defensa es un buen ataque”; y sonrió sin mucha convicción aunque asomaron algunos de sus dientes por el estiramiento que la tensión producía en sus labios. Pasas por alto los más insignificantes detalles Germán; claro: ¡tú vales tanto!, y olvidas que los grandes hombres acaban derrotados porque sus pies están hechos de barro. Cuando antes he invitado a Núria a pasar la Nochebuena con mi familia que viene de Madrid, ella aceptado ilusionada a la primera. Ese para ti  insignificante detalle, me ha permitido descubrir que no la puedes llevar a tu casa a cenar esa noche, de modo que estás sólo frente a tus sentimientos: tus padres no aceptan vuestra relación. Pero es que además parece ser que, a pesar de tus 18 años, tampoco gozas de autonomía suficiente frente a tus padres porque, de lo contrario, habría sido Núria la que te habría invitado a pasar la Navidad con ella. Ya me entiendes, en su casa… y no lo ha hecho. En cambio se ha apuntado sin pestañear a venirse con mi familia. Tú no sé, pero tus sentimientos viven a la intemperie: busca cobijo antes que sea tarde Germán.

Tampoco has sabido interpretar la distribución que he hecho de la mesa. Tu reacción ha sido pueril, querías estar a toda consta junto a ella y los dos frente a mi; no amigo. He colocado a Núria presidiendo la mesa porque es ella la única que nos importa. Es ella la que tiene problemas, es ella la que se va a tener que enfrentar a esa bruja. ¿Y qué armas tiene?: a ti y a mí. Nosotros frente a frente trabajando juntos para defenderla, ¡a ella!, ¡importa ella!, ¡No tú Germán!; ayudarla a vencer las embestidas de esa visionaria y sus artimañas. No lo ves así, y por eso no entiendes nada. Muestras celos por ella y eso te ha llevado a… hacer el ridículo conmigo, me has resultado muy infantil. ¿Conoces al hombre que juega a la PSP con los mandos de la PS2?”. Germán se asombró que también se hubiera fijado en ese detalle; asintió con la cabeza. Pues igual de inmaduro me has parecido tú. Los hombres no muestran su amor así. ¿No lo sabías, psiquiatra de Nueva York?. Cuidado Germán, sigues pasando por alto los pequeños detalles, los sucesos más insignificantes; ellos son los más valiosos cuando estamos hablando de una batalla a muerte por ayudar a Núria frente a esa mafia: tú nos harás perder, es el presentimiento que me ha acojonado desde que te he visto entrar por la puerta. Me das miedo chaval, eres como el cumplimiento de una mala profecía, nuestro talón de Aquiles, la trampa bajo nuestros pies, el niño al que permites entrar en un laboratorio y por su inocencia desencadena una tragedia. Lo siento…” Hizo una pausa, agachó la cabeza y empezó a juguetear con unas cortecitas desprendidas de la panera. Alzó la mirada hacia los ojos de Germán con cierto pudor y le dijo:  “es lo que en verdad pienso sobre ti”. Germán, que lo observaba desde hace rato estudiando su rostro al hablar, entornó sus ojos mientras miraba de frente a Johny, fijó su mirada en el entrecejo del supuesto detective, jugando a mezclar su imagen mental de Héctor, con la de aquel que le estaba diciendo las cosas que tantas veces su mejor amigo, Héctor, le había insinuado.

El reproductor saltó ahora a Dmitri Hvorostovsky, y del fondo del pasillo, provinente del baño que ya se abría, se escuchó una voz alborozada “¡Troshin 1956!. Wow. ¿Recuerdas el karaoke con tocadiscos?. Siempre perdiste  ja ja ja”. Johny comenzó a hablar en voz baja,  para  no ser escuchado por Núria: “Shhh… a Carlos Gustavo Jung no sé, pero a Friedrich Nietzsche creo que le has leído demasiado, como toda tu generación. Os creeis superhombres y no sois más que pobres criaturas acostumbrados a triunfar”. Resultaba extraño verles discutir a escondidas, gritar cuchicheando. Germán quiso interrumpirle adelantando su mano con la palma abierta hacia el viejo detective , pero Johny no le dejó: “¡Sí, sólo os permitís triunfar!”.  Germán se impuso,: “Shhh, ¡Que te va  a oir, coño!.” Pero tampoco estaba dispuesto a callar: “¡Qué sabes tú!, ¡Porqué nos juzgas sin conocer!”. Johny hizo un gesto con sus dos manos dando la réplica de Germán por no ha lugar. “Sois asquerosamente profilácticos a la realidad cotidiana; si la vida no os da premio seguro, la despreciais como “poca cosa” para vosotros. El club de los atormentados, los suicidas, y el falso nihilismo mamado de un enfermo mental que escribió vuestros adorados libros cuando tenía descompuesto la mayor parte del cortex cerebral. Vosotros no seguís al anticristo, seguís a un enfermo loco, y vuestro sufrimiento sólo lo interpretais como algo Collateral. No nos servirás más que para darnos problemas chaval, no conoces el fracaso, no estás acostumbrado a perder (yo en eso tengo muchos masters), de hecho no tienes pinta de haber llorado mucho en esta vida, ¡eres un puto triunfador nihilista!… y un día la cagarás. Lo sé…lo sé…lo sé… he conocido otros. No quisiera que te ocurriera a ti, pero a lo que nos interesa, que es Núria…” Johny hizo aquí una mueca de dolor: “esta canción me recuerda que alguna vez acabé muerto, la  voy a quitar”. “¡No, no , espera. Es sólo… ¿un poco agridulce?”, preguntó Germán. “¿Agridulce?, escúchala a pelo y directamente te cortarás las venas. Pero es tan jodidamente bella…

Karaoke de la canción en: “aprenda ruso fácil“:


Stardust a 3 dias de navidad

mayo 12, 2008

A paseo con los anacronismos. Siento si lees y piensas que es una vendeta personal. Espero que tus diligencias con tu abogada te vayan bonito; que tus detectives jugando a “los cinco” se lo pasen muy bien, y tengan ya decenas -dices- de DVD’s de información sobre mis pasos en internet. Yo mientras, escucho a Benny Goodman y retomo el original.

Veamos, aquí pone: “Sábado noche, madrugada ya del domingo 22. A penas quedan tres dias para el dia de Navidad. Mañana (por hoy domingo) debiera empezar la demolición del chalet de Núria. Son las tres de la madrugada en el Hospital Universitario de La Fe. Anota esto: mi axioma es nunca abandones mientras ganas.

Debe haber un policía, que se parezca a mi compañero Jose Luís osea, todavía más gordo que yo. Debe estar sentado en una silla a la puerta de la habitación, la cabeza caída sobre el pecho y dormitando. Que sea domingo de madrugada. ¿Por qué?: Esa mañana fue el sorteo de la lotería de el Gordo de navidad, que me acuerdo yo. Es invierno pero la calefacción en ese puto hospital siempre está fuera de madre y el tio tiene sebo como para aparecer a contraluz con el rostro grasiento y las sienes sudorosas. Dormita, insisito. El periódico de la mañana abierto por la sección de deportes. Insisto y no lo olvides: tiene que ser un poli sudando y sobre todo, tiene los pies hinchados. Está a punto de jubilarse. Bueno, estaba a punto de jubilarse.

En su radio de bolsillo sonaba una inolvidable versión de “Stardust“, interpretada al alimón por Glenn Miller & Benny Goodman. Era inolvidable, pero de eso sólo se dio cuenta cuando ya era tarde: alguien había entrado en aquella habitación, localizado el historial médico de un joven y… lo robó. En en el Hospital de La Fe (hablamos de los 90), la Ojirris tuvo acceso directo a los archivos clínicos de muchas personas por un contrato logrado fraudulentamente via sindicato y que rescindió unilateralmente una vez tuvo los historiales en su poder. ¿No conocen a nadie a quien le hayan perdido la historia clínica?, atentos pues.


Te lo digo a la cara

abril 5, 2008
Timbiriche-Con Todos Menos Conmigo
by frankbonilla

Love song for no one

mayo 10, 2007

Bar Lobby (C/Begoña, Xixón)

El lápiz de los próximos años será la cámara; la ortografía, el lenguaje audiovisual; el resto ya es historia. Todo lo que requiera más pasos que darle al “Play”, quedará relegado sólo para los muy interesados. El mismo episodio que evoqué anteayer, se cuenta en apenas un minuto de video: rápido, fresco, usar y tirar. ¿Acaso no es eso un microformato también?. Venir ahora anunciando el despegue del formato blog es entonar un canto del cisne a la desesperada, como el del faraón en los 10 Mandamientos, al ver que el mar con toda la inmensidad de sus aguas venía hacia ellos con inusitada potencia y se les echaba encima. Una mujer desesperada olvida que no tengo estudios, difícilmente se puede ser autor de historias inventadas. Es la propia vida, si lo escribo con tanto detalle es porque me ha ocurrido, por eso tengo un blog personal. ¿Y el texto precedente?, pues mira, sonrojo les tendría que dar a algunos que hasta el menos importante de los bloggers (osea yo), comprende que los tiempos están cambiando, aunque ellos se empeñan en no darse cuenta: no conciben un futuro si en él, ellos no son los protagonistas.

Una mujer desesperada cuenta ahora con la inestimable ayuda de cuantos acuden a los People&blogs. No necesitas ya creerme, esas personas te confirmarán que mi intelecto es tan corto como mi conversación; mis aspiraciones tan bajas como mi estatura, escribo lo que he vivido, las huellas que la fragua de los acontecimientos y la firmeza del martillo del desamor dejaron en el yunque en que me he convertido. Pero creo en el Amor, quizá por eso siempre sonrío. Katsumoto & Koyuki debiera pensar en el amor también: hay tantas cosas que existen aunque no se vean. Tú juegas con la ventaja de ser joven, tu desamor es transitorio, en cambio el mío lo es a cadena perpetua; no seas tonto y aprovecha o acabarás no teniendo más conversación que los blogs (qué borde que salí de las jornadas de ayer :D). Katsumoto & Koyuki, contra toda esperanza sigo esperando un mail comunicándome que mi soledad se ha acabado; unas palabras al oído, que suenen a algo así como un “te quiero”; una mano que a diferencia de todas las manos, tome mi mano con ternura; un abrazo de esos que te anuncian que por mal que vayan las cosas, siempre estará a tu lado para protegerte de toda amargura. Ese dia cerraré el blog, ¡por fín!, daré de baja mi conexión a internet, lanzaré el ordenador por la ventana, y este tiempo quedará como una inolvidable soledad, unforgettable solitude.

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Gracias, camisa

mayo 7, 2007

Con el corazón abierto en dos mitades me empiezo a escribir, que nó desnudar. Me la soplan los talibanes del “los blogs antes eran arte y literatura”, pues ya veis, hoy es lo que me sale de la entrepierna que, por cierto, no sé qué le ocurre a mi pantalón: se comporta como un paquete de palomitas dentro de un microondas a máxima potencia. Me consta que no existes, a qué engañarnos, pero te he soñado durante tantos años (18) que al probarme hoy las camisas de manga corta, he sentido la seda como si fuera la de tus manos recorriendo con ternura mi espalda desnuda. No me has besado el hombro, porque mi imaginación no da para tanto, pero me ha hecho bien sentir tu afecto más allá de las palabras. Con saliva pueden crearse mundos ficticios, pero yo la prefiero mojando mi piel y viéndote dejando surcos de humedad sobre el abandonado cuerpo de éste que te escribe, acariciar tus cabellos mientras te hundes en mis escarpadas laderas, para tu deleite y mi sinrazón.

Hubo otras tardes de primavera en Madrid. Fueron tan exuberantes en sol y amor (Madrid me puede) como lo puedan ser hoy, es sólo que apenas queda nadie limosneando ternura en el Parque de Berlín, besándose en la parada del bus de la Avenida de América y menos aún entrar en la boca del metro tomados de la mano como tú y yo, cuando aquella tarde de mayo franquea mos la boca del metro de García Noblejas como si para nosotros fueran las mismísimas puertas del paraíso. La barra a la que nos asimos era nuestro único nexo, apenas nos conocíamos. Yo de vista, cogíamos el bus a la misma hora (porque yo me había aprendido tus horarios, claro), a ti te habían hablado de mi: “ese cantautor del barrio de Hortaleza”. Cuando nuestros cuerpos se rozaban por los vaivenes del vagón mi cerebro sufría lo indecible por si es que yo me arrimaba descaradamente, o si se trataba de una casualidad, o si es que pretendías decirme que sentías amor: osea, lo mismo que yo por tí. Vamos, como ahora me ocurre con el twitter.

Bajarnos en Marqués de Vadillo sufriendo como un imbécil por si al abandonar la estrechez que nos había unido durante el trayecto, fueras a unirte a la gente de tu clase olvidándote de mi. Y el estremecimiento de mis piernas al verte en medio del grupo girar el rostro y detenerte hasta que de nuevo te alcanzaba y perderme en la inmensidad del anden caminando a tu lado. Salimos a flote. Todos vosotros del asfixiante calor del metro, yo por medio convencido que mi amor había conseguido despertar el amor en ti. (amor que no mueve a amar, no es amor).

Lo trágico de lo imprevisto, que de repente te acordabas que tenías que hacer una llamada a una amiga con la que habías quedado a cenar y ya era muy tarde, y que tenías que avisar en tu casa. Y yo (que no puedes figurarte lo imbécil que puedo llegar a ser), sintiendo un nudo en la garganta como si me fuera en ello la vida. El grupo marchando para el pub de General Ricardos, tú haciendo ademán de alejarte calle abajo y yo en medio como un gilipollas pensando si decirte en voz alta que te quería. Tu “¿Me acompañas?” sonandome como la más bella balada jamás sentida, escuchar una insulsa conversación teléfonica que ahora se revelaba innecesaria.. o sí. Me invitaste a meterme en la cabina contigo donde ya no pude evitar mirarte a los ojos y sonreirte. Mientras sacaba mi cartera para pedirte foto, número de teléfono y un cabello (todo en el mismo pack), apoyabas tu barbilla sobre mi hombro prometiendo amor eterno a la del teléfono mientras estudiabas anatomía con mi cuerpo, al tiempo que peleábamos sin convicción: yo por encontrar las únicas 100 pesetas que me quedaban para invitarte y tú por descubrir la foto de mi DNI.

Anduvimos de modo errático sin ganas de llegar a ningún lugar, yo sintiéndome el único habitante del planeta a quien todos los astros envidiaban y tú – lo confesaste más tarde- feliz por que me viste decir y hacer todo lo que siempre me negué a hacer o decir a nadie. Ya sabes, para mi amor es exclusividad: palabras nunca antes pronunciadas, gestos de cariño jamás llevados a cabo. Apenas nos mirábamaos cada media hora, esa fue toda nuestra conversación. Y acariciar inadvertidamente mi cabello cuando Madrid, a cada semáforo, te entraba por cada poro de la piel. Para servidor enamorarse siempre fue y será siempre ahogarme por Madrid, bendito atasco, sinó de qué.

Me consta que no existes y, lo que es peor… jamás volverá a ocurrir (a estas edades…), a qué engañarnos, pero te he soñado durante tantos años (18) que al probarme hoy las camisas de manga corta, he sentido la seda como si fuera la de tus manos recorriendo con ternura mi espalda desnuda. No me has besado el hombro, porque mi imaginación no da para tanto, pero me ha hecho bien sentir tu afecto más allá de las palabras. Moriré al atardecer y esperando en ti (sin acento)

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