Alone again

mayo 25, 2007
Un día vas a morirte
¿y sabes que harán conmigo?
¡Yo seré el último abrigo
con el que habrán de cubrirte!

Pues por aquí pasaba menda hace la tira de años, ya veis, nada geek. Y es que alguien me preguntó por mail que dónde coño había vivido en Madrid, porque citaba muchos barrios pero en todos no podían hacerse según y ciertas cosas como las contaba yo. Pasé mis últimos años en Madrid entre esas torres que veis en la foto, que son las del barrio de Canillas y el pueblo de Barajas. Sip, con su parque y todo. A finales de primavera, a menos de un mes del 21 de Junio que con la entrada del verano despejaba nuestro barrio que era un gusto, con el sol de la mañana uno bajaba a pasarle el trapo a su “2 CV” que, tras infinitas esperas por lo caprichoso del color escogido, era exactamente este. Servidor ¿Lo había dicho antes?, servidor llevaba melena larga jajaja (no siempre fui calvo pelao :D) y lo que ahora llamais perilla-candao era lo único que me asemejaba entonces al maduro cascarrabias que ya empezaba a ser. Y allí abajo en la calle todas las puertas ofreciendo rock al vecindario. Como sólo eramos de un barrio obrero… gracias a diox aún no eramos “ciudadanos” con “ciudadanía”. Pero ¡qué JVC tenía!. Y todo el día moviendo el ecualizador arriba y abajo: qué friki pordioj… Total, para ir al pueblo de Barajas que era un poco…no sé… un barrio… digamos con posibles 😀 .Madrid estaba festejando aún los resultados de las primeras elecciones municipales ¡por fín habíamos podido votar! y tal vez por ello había muchas esperanzas en las molleras de los votantes satisfechos.

Era porque la gente todavía no sabía lo que Felipe González Márquez, iba a consumar Tras haber ganado las primeras democráticas desde la II República, la izquierda conquistó los principales ayuntamientos mediante la alianza del PSOE y el PCE, sí, pero… Pese a esta alianza, Felipe González forzó un giro político e ideológico en el PSOE tras la celebración de su XXVIII Congreso. El PSOE abandonó el marxismo, para empezar… pero vamos, que el pueblo español cumplió oiga.
Digo esto y hoy, porque en otro orden de cosas de la vida, se ha confirmado que tras los aspavientos seguiré solo. Sí hijos sí, cuando Don Luis de Amézaga te pone en un comment “Andese con cuidado que la soledad da arañazos”, zás, va el tío y siempre da en el clavo 😀 . Y quede claro que me pone de mala gaita cuando lo leo, pero cuando me pego el ostión la primera persona que me viene a la mente es Don Luis y pienso: “Menos mal que me avisó,suerte tenerle cerca, cuánta razón tenía el tío :D” .He querido llenar esta semana/período que termina con tonalidades setenteras, música de Coque Malla, (un hombre bueno) y echando mano de la esperanza. Espero que el lunes cuando ustedes vean que nada cambia en Sexpaña o que cambia todo para que todo siga igual, no se me depriman: pónganse música guay. Y esperen. Esperen porque los que juegan con nuestras vidas en cierto modo nos ayudan a estar en alerta y el Amor vendrá, ya lo creo damas y caballeros, vendrá el amor amando y lo que ahora aún no es, se transoformará en Amor: tan fuerte como apasionado. De eso no les quepa la menor duda. Si es eso lo que desean….

Si quieren echar un vistazo nostálgico al Madrid depauperado de la época, he aquí un impresionante trabajo de unas muchachas de la Complutense 🙂

Y esta, es una reseña en la que “también” se habla de Pérez Reverte y Alfonso, el cerillero del Café Gijón del que ya hablé en su dia, para que ToniR vaya haciéndose idea de lo que verá, cuando lleve a su amiga al histórico Café Gijón, del paseo Recoletos. 😉


Gracias, camisa

mayo 7, 2007

Con el corazón abierto en dos mitades me empiezo a escribir, que nó desnudar. Me la soplan los talibanes del “los blogs antes eran arte y literatura”, pues ya veis, hoy es lo que me sale de la entrepierna que, por cierto, no sé qué le ocurre a mi pantalón: se comporta como un paquete de palomitas dentro de un microondas a máxima potencia. Me consta que no existes, a qué engañarnos, pero te he soñado durante tantos años (18) que al probarme hoy las camisas de manga corta, he sentido la seda como si fuera la de tus manos recorriendo con ternura mi espalda desnuda. No me has besado el hombro, porque mi imaginación no da para tanto, pero me ha hecho bien sentir tu afecto más allá de las palabras. Con saliva pueden crearse mundos ficticios, pero yo la prefiero mojando mi piel y viéndote dejando surcos de humedad sobre el abandonado cuerpo de éste que te escribe, acariciar tus cabellos mientras te hundes en mis escarpadas laderas, para tu deleite y mi sinrazón.

Hubo otras tardes de primavera en Madrid. Fueron tan exuberantes en sol y amor (Madrid me puede) como lo puedan ser hoy, es sólo que apenas queda nadie limosneando ternura en el Parque de Berlín, besándose en la parada del bus de la Avenida de América y menos aún entrar en la boca del metro tomados de la mano como tú y yo, cuando aquella tarde de mayo franquea mos la boca del metro de García Noblejas como si para nosotros fueran las mismísimas puertas del paraíso. La barra a la que nos asimos era nuestro único nexo, apenas nos conocíamos. Yo de vista, cogíamos el bus a la misma hora (porque yo me había aprendido tus horarios, claro), a ti te habían hablado de mi: “ese cantautor del barrio de Hortaleza”. Cuando nuestros cuerpos se rozaban por los vaivenes del vagón mi cerebro sufría lo indecible por si es que yo me arrimaba descaradamente, o si se trataba de una casualidad, o si es que pretendías decirme que sentías amor: osea, lo mismo que yo por tí. Vamos, como ahora me ocurre con el twitter.

Bajarnos en Marqués de Vadillo sufriendo como un imbécil por si al abandonar la estrechez que nos había unido durante el trayecto, fueras a unirte a la gente de tu clase olvidándote de mi. Y el estremecimiento de mis piernas al verte en medio del grupo girar el rostro y detenerte hasta que de nuevo te alcanzaba y perderme en la inmensidad del anden caminando a tu lado. Salimos a flote. Todos vosotros del asfixiante calor del metro, yo por medio convencido que mi amor había conseguido despertar el amor en ti. (amor que no mueve a amar, no es amor).

Lo trágico de lo imprevisto, que de repente te acordabas que tenías que hacer una llamada a una amiga con la que habías quedado a cenar y ya era muy tarde, y que tenías que avisar en tu casa. Y yo (que no puedes figurarte lo imbécil que puedo llegar a ser), sintiendo un nudo en la garganta como si me fuera en ello la vida. El grupo marchando para el pub de General Ricardos, tú haciendo ademán de alejarte calle abajo y yo en medio como un gilipollas pensando si decirte en voz alta que te quería. Tu “¿Me acompañas?” sonandome como la más bella balada jamás sentida, escuchar una insulsa conversación teléfonica que ahora se revelaba innecesaria.. o sí. Me invitaste a meterme en la cabina contigo donde ya no pude evitar mirarte a los ojos y sonreirte. Mientras sacaba mi cartera para pedirte foto, número de teléfono y un cabello (todo en el mismo pack), apoyabas tu barbilla sobre mi hombro prometiendo amor eterno a la del teléfono mientras estudiabas anatomía con mi cuerpo, al tiempo que peleábamos sin convicción: yo por encontrar las únicas 100 pesetas que me quedaban para invitarte y tú por descubrir la foto de mi DNI.

Anduvimos de modo errático sin ganas de llegar a ningún lugar, yo sintiéndome el único habitante del planeta a quien todos los astros envidiaban y tú – lo confesaste más tarde- feliz por que me viste decir y hacer todo lo que siempre me negué a hacer o decir a nadie. Ya sabes, para mi amor es exclusividad: palabras nunca antes pronunciadas, gestos de cariño jamás llevados a cabo. Apenas nos mirábamaos cada media hora, esa fue toda nuestra conversación. Y acariciar inadvertidamente mi cabello cuando Madrid, a cada semáforo, te entraba por cada poro de la piel. Para servidor enamorarse siempre fue y será siempre ahogarme por Madrid, bendito atasco, sinó de qué.

Me consta que no existes y, lo que es peor… jamás volverá a ocurrir (a estas edades…), a qué engañarnos, pero te he soñado durante tantos años (18) que al probarme hoy las camisas de manga corta, he sentido la seda como si fuera la de tus manos recorriendo con ternura mi espalda desnuda. No me has besado el hombro, porque mi imaginación no da para tanto, pero me ha hecho bien sentir tu afecto más allá de las palabras. Moriré al atardecer y esperando en ti (sin acento)

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