Las estanterías

septiembre 2, 2008

Al inicio de la época estival solía hacer una limpieza a fondo de las estanterías de mi habitación. Quien haya hecho alguna mudanza sabrá la cantidad de objetos perfectamente prescindibles que se acumulan, año tras año, en una casa. El rito de ir expurgando libros, revistas, figuritas, carpetas repletas de recortes de prensa, pequeños obsequios e incluso algunos cd’s acumulados durante esa primera mitad del año, se convertía en un ejercicio de mirada atrás y reflexión sobre el paso fugaz de los últimos seis meses de mi vida. Iba metiendo todo en pequeñas cajas de cartón sin orden ni concierto; cajas de cartón que pernoctaban en la terraza, hasta que llegara el momento de cargarlas en el coche que me habría de llevar al chalet que la familia tenía junto al mar.

Al llegar septiembre regresaba la soledad. La familia se iba a Madrid, los veraneantes a sus ciudades y en la quietud de la tarde yo me sentaba en la mecedora mirando al mar. Iba sacando uno a uno los objetos que quedaban de las cajas (al despedirme de los conocidos ya había regalado muchos de aquellos recuerdos) y, o bien no recordaba ni porqué los había conservado en las estanterías, en cuyo caso iba directo a la papelera, o pasaba la tarde releyendo alguna noticia curiosa, un asunto que parecía iba a dar mucho que hablar y en realidad había acabado en nada o disfrutando de la lectura pausada de un reportaje sabiendo que al finalizar, lo dejaría caer definitivamente en la caja de “cosas para tirar”. Cada objeto evocaba una historia. Ay, qué tardes septembrinas de recuerdos y lectura junto a la quietud del mar.

Al regreso de las vacaciones, nada más entrar en casa, descorría las cortinas de las habitaciones, subía las persianas, abría las ventanas y allí aparecían en su austeridad las estanterías casi vacías. Cuánta sobriedad, y qué diáfano me resultaba aquel cuarto; parecía esos pisos de la gente joven que se acaba de independizar. Si bien es cierto que la desnudez de las baldas me enfrentaba a la soledad e intemperie de mi existencia, muy pronto sería sustituida por la cálida y alegre decoración de la navidad.

escuchando “Melancolía“, de Lucas


Te lo digo a la cara

abril 5, 2008
Timbiriche-Con Todos Menos Conmigo
by frankbonilla

Meme: mis mejores propósitos para 2008

enero 10, 2008

Recojo este meme que Víctor, participante activo y colaborador en taller de blogs, de su espacio: Blog en serio, hizo llegar a Eo, autora de Dreig. Se trata de expresar mis propósitos para este 2008. Paso el meme a quien lo desee, que escriba un blog, Tumblr, o Twitee, porque no quiero agobiar a los reacios. (aunque me muero de ganas por conocer los deseos más íntimos de algun@s de por aquí y allí 😀

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Mis propósitos para 2008:

PERSONALES:
-Aumentar el tiempo que me dejan dedicar a mis dos hijas.
-Viajar a África, algo que deseo desde niño: quiero aportar mi granito de arena.
-Encontrar quien acabe con esta soledad que ya dura tantos años. Viaje a Madrid. -Volver a correr, aunque este año me apetece mogollón pisar un gimnasio jajajaja.
-Encontrar un cybertrabajo para “ayudar” a poder hacer todo esto realidad.

 

SOBRE EL BLOG-PROFESIONALES:
-¡Que me devuelvan mi horario! anterior para poder volver a leer blogs.
-Seguir borrando el blog de sitios para ser menos leido.
-Seguir creando historias/recuerdos vividos como al principio.
-Que “X” me proponga un Videoblog o canal TV compartido para móviles.
-Contactar con un dibujante para lanzar un “Cómic Monoviñeta para móvil”.
-Poder acudir a una Twitter& Sushi (Es lo más, en serio: reíros de las B&B).
-Lanzar un Blog-porno. Lleva dos años siendo secreto. U_U
-Seguir haciendo amig@s entre vosotr@s.

¡Gracias, Víctor y Eo!


Primer post 2008

enero 1, 2008
Si los hombres han llegado hasta la luna a mí me vais a permitir que corte por lo sano y os ponga a cantar porque… porque en ocasiones hay que “obligar” a nuestros labios a decir palabras hermosas; se puede “forzar” a la garganta a que rompa su altivo silencio y hacerla cantar. ¿Qué coño digo amig@s? Si quiera un sólo día, éste, el primero del año. ¡Ojalá nos desgañitáramos todos en lanzar un brindis a la Esperanza!. Ahí os va: nada menos que la esperanza. Que tengais suerte este año: no tengais miedo a ser felices.

我爱你 wo ai ni

diciembre 28, 2007

escuchando wo ai ni . “Mi amornocorrespondido vive al norte. Su voz perturba como una empestad. Me cuesta tanto no-no amarle. Cuando me llama, sus palabras traen recuerdos de otro tiempo. Nunca nos hemos prometido nada: ni “te querré siempre”, ni “te amaré”, ni “ya te llamaré…”. Mi amornocorrespondido, huele diferente, piensa diferente y se expresa diferente… Mi amornocorrespondido, siempre será mi amornocorrespondido, algo inacabado. del blog de La ra

Cuando el año pasado rechacé el móvil que me trajeron los reyes magos, alguien me dijo que no, que esas cosas van al revés: que primero has de adquirir un móvil, porque es que sinó luego no ligas nada. Y no como yo, tontorrón, que durante estos años me he negado a usar esos artefactos dado que nadie iba a emplearlo para decirme palabras de amor.

Este año, y seguimos en Asturies, voy a pedir a los Reyes Magos un artefacto de esos para hablar con gente y decirles “wo ai ni”. Y si me he decidido finalmente a unir los buenos sentimientos con el pragmatismo interesado, ha sido gracias a la ocurrencia del simpático primo de un “twitter-following” Humm… joer, con lo fácil que es decir en español: “Lorena tía, el primillo de Alvaro Castaño” jajaja.

Fue María (que además tiene este otro blog), quien quiso enseñarme estas cosas; quien me enseñó qué significa 我爱你

¿Ya conoces johnymepeinolandia?


Gracias, camisa

mayo 7, 2007

Con el corazón abierto en dos mitades me empiezo a escribir, que nó desnudar. Me la soplan los talibanes del “los blogs antes eran arte y literatura”, pues ya veis, hoy es lo que me sale de la entrepierna que, por cierto, no sé qué le ocurre a mi pantalón: se comporta como un paquete de palomitas dentro de un microondas a máxima potencia. Me consta que no existes, a qué engañarnos, pero te he soñado durante tantos años (18) que al probarme hoy las camisas de manga corta, he sentido la seda como si fuera la de tus manos recorriendo con ternura mi espalda desnuda. No me has besado el hombro, porque mi imaginación no da para tanto, pero me ha hecho bien sentir tu afecto más allá de las palabras. Con saliva pueden crearse mundos ficticios, pero yo la prefiero mojando mi piel y viéndote dejando surcos de humedad sobre el abandonado cuerpo de éste que te escribe, acariciar tus cabellos mientras te hundes en mis escarpadas laderas, para tu deleite y mi sinrazón.

Hubo otras tardes de primavera en Madrid. Fueron tan exuberantes en sol y amor (Madrid me puede) como lo puedan ser hoy, es sólo que apenas queda nadie limosneando ternura en el Parque de Berlín, besándose en la parada del bus de la Avenida de América y menos aún entrar en la boca del metro tomados de la mano como tú y yo, cuando aquella tarde de mayo franquea mos la boca del metro de García Noblejas como si para nosotros fueran las mismísimas puertas del paraíso. La barra a la que nos asimos era nuestro único nexo, apenas nos conocíamos. Yo de vista, cogíamos el bus a la misma hora (porque yo me había aprendido tus horarios, claro), a ti te habían hablado de mi: “ese cantautor del barrio de Hortaleza”. Cuando nuestros cuerpos se rozaban por los vaivenes del vagón mi cerebro sufría lo indecible por si es que yo me arrimaba descaradamente, o si se trataba de una casualidad, o si es que pretendías decirme que sentías amor: osea, lo mismo que yo por tí. Vamos, como ahora me ocurre con el twitter.

Bajarnos en Marqués de Vadillo sufriendo como un imbécil por si al abandonar la estrechez que nos había unido durante el trayecto, fueras a unirte a la gente de tu clase olvidándote de mi. Y el estremecimiento de mis piernas al verte en medio del grupo girar el rostro y detenerte hasta que de nuevo te alcanzaba y perderme en la inmensidad del anden caminando a tu lado. Salimos a flote. Todos vosotros del asfixiante calor del metro, yo por medio convencido que mi amor había conseguido despertar el amor en ti. (amor que no mueve a amar, no es amor).

Lo trágico de lo imprevisto, que de repente te acordabas que tenías que hacer una llamada a una amiga con la que habías quedado a cenar y ya era muy tarde, y que tenías que avisar en tu casa. Y yo (que no puedes figurarte lo imbécil que puedo llegar a ser), sintiendo un nudo en la garganta como si me fuera en ello la vida. El grupo marchando para el pub de General Ricardos, tú haciendo ademán de alejarte calle abajo y yo en medio como un gilipollas pensando si decirte en voz alta que te quería. Tu “¿Me acompañas?” sonandome como la más bella balada jamás sentida, escuchar una insulsa conversación teléfonica que ahora se revelaba innecesaria.. o sí. Me invitaste a meterme en la cabina contigo donde ya no pude evitar mirarte a los ojos y sonreirte. Mientras sacaba mi cartera para pedirte foto, número de teléfono y un cabello (todo en el mismo pack), apoyabas tu barbilla sobre mi hombro prometiendo amor eterno a la del teléfono mientras estudiabas anatomía con mi cuerpo, al tiempo que peleábamos sin convicción: yo por encontrar las únicas 100 pesetas que me quedaban para invitarte y tú por descubrir la foto de mi DNI.

Anduvimos de modo errático sin ganas de llegar a ningún lugar, yo sintiéndome el único habitante del planeta a quien todos los astros envidiaban y tú – lo confesaste más tarde- feliz por que me viste decir y hacer todo lo que siempre me negué a hacer o decir a nadie. Ya sabes, para mi amor es exclusividad: palabras nunca antes pronunciadas, gestos de cariño jamás llevados a cabo. Apenas nos mirábamaos cada media hora, esa fue toda nuestra conversación. Y acariciar inadvertidamente mi cabello cuando Madrid, a cada semáforo, te entraba por cada poro de la piel. Para servidor enamorarse siempre fue y será siempre ahogarme por Madrid, bendito atasco, sinó de qué.

Me consta que no existes y, lo que es peor… jamás volverá a ocurrir (a estas edades…), a qué engañarnos, pero te he soñado durante tantos años (18) que al probarme hoy las camisas de manga corta, he sentido la seda como si fuera la de tus manos recorriendo con ternura mi espalda desnuda. No me has besado el hombro, porque mi imaginación no da para tanto, pero me ha hecho bien sentir tu afecto más allá de las palabras. Moriré al atardecer y esperando en ti (sin acento)

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