Aquel 22 de septiembre en que creí morir

septiembre 21, 2008

De cómo a cierta edad, la vida nos compensa la falta de energía que nos produce la caída de nuestras hojas (nos vamos quedando cada vez más solos) es aún hoy, un misterio para mí. He releído todo lo que durante estos años había escrito en fechas como la de hoy: creo que las horas dedicadas a este blog han merecido la pena. Estoy en esa “serenidad” con la que algunos sustituyen la palabra felicidad; estoy serenamente saciado de cuanto podía desear en mi vocación de blogger antibloguero. Igual que vine a sabiendas que sería para quedarme, sabía perfectamente lo que nunca aceptaría ser.

Y es que, de porqué las metas marcadas cada 1 de enero (¿recuerdan ustedes las suyas?) no se han hecho realidad, pertenece más al mundo de la sensualidad y el que, por internet, a mí no se me puede enamorar. La utopía ahí queda, pero en nada desmerece que de ser un excluído social sin techo, sin familia, y sin esperanza de solución, en tres años la vida me ha rescatado, devuelto a quienes más quería, y yo he disfrutado -al contarlo- de cada una de las horas que junto a mi blog he pasado. Sin ustedes nada; sólo con ustedes fue posible; este infinito milagro se hizo realidad. Gracias, muchas gracias.

The Crossing, el juego

Vanessa Maers, Buterfly lovers

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El corazón primero, internet después.

agosto 18, 2008

Nos estuvimos bañando hasta las seis de la tarde, e iniciamos el regreso. A las dos horas hicimos una parada técnica en el área de La Ribera y al incorporarnos a la autopista… atasco. Pronto se corrió la voz de que se trataba de un accidente y que había un caos de gente en la calzada y con niños. Quedé asombrado de la serenidad de la pequeña en las dos horas y media que duró la parada. Ya antes me había sentido orgulloso de una frase suya: “A mí no me gustaría estar como esos niños y que la gente twitteara de mí”. Al oscurecer bajamos un rato del coche para dar un paseo corto; le dí las gracias porque estaba mostrando una paciencia “impropia de una niña de tu edad”, le dije. Ella me respondió: “No me gusta estar aquí esperando tanto rato, pero lo importante es que no haya heridos”.

Esta mañana ha roto a llorar cuando se ha enterado que un niño de tres años había muerto en aquel accidente: “¡Entonces para qué me porté bien!”.


El lado oriental y occidental de un amor de verano

julio 30, 2008

Occidente siempre ha sido derrotado por el Oriente. El primero es inmaduro y frívolo, se detiene en el provecho inmediato y se ciega en lo aparatoso; el segundo atiende al detalle y calcula lo que puede acaecer en el futuro si la sola muestra más pequeña es tan maravillosa. En occidente se acostumbra a obsequiar una caja grande que al destaparla no tiene sino otra caja más pequeña y así hasta que en el fondo aparece la más pequeña de las cajas, en cuyo interior se halla el regalo de verdad. Cuando la gente “rompe” una relación amorosa suele reprochar que la persona amada no era lo que parecía en un principio.

Oriente se explica con aquella expedición de científicos que descubrió un feo  y pequeño polluelo desplumado de una especie jamás vista. Lo metieron en una jaula de su embarcación y se felicitaron por haber cazado una valiosa presa, tan fácil y tan vulnerable. Al rato apareció un ejemplar  de polluelo aún mayor: casi un metro de alto. A éste hubo que cazarlo “en serio”, y cuando finalmente lo tuvieron en la jaula pensaron: “Ya tenemos a la madre y su polluelo”. Pero después irrumpió en la selvática espesura un ejemplar aún mayor: ¡casi dos metros!. Aquí tuvieron que emplearse a fondo y no lograron enjaularlo sin sufrir bajas entre los expedicionarios. “Este debía ser el padre. Ahora tenemos a la familia de la nueva especie completa”. Fue lo último que dijeron antes de ser engullidos por dos gigantescos pajarracos (padre y madre) que acudieron al escuchar las llamadas de auxilio de sus polluelos.  Es el juego de las cajas, pero al revés. No es ninguna frase hecha que “lo esencial es invisible a los ojos”. Y más vale un zorro que una serpiente, como dejó escrito Antoine Jean-Baptiste Marie Roger de Saint-Exupéry.

Occidente es grosero en sus formas:”el tener”; oriente es suave cuando ineractúa “el ser”. Occidente emplea términos como “tengo -tantos- amigos”; oriente dice “seamos amigos”. Occidente se expresa invasivamente “Te quiero” (como un niño malcriado en una tienda que dijera: “quiero un tú”); oriente lo formula de otro modo: “tú eres la persona amada”. En palabras de Erich Fromm, el amor infantil dice “te amo porque te necesito”, mientras que el amor maduro afirma: “te necesito porque te amo”. Por eso cada vez que Oriente afirme: “Tu rostro es muy hermoso”, Occidente probablemente responderá: “Lo siento, no busco sexo”.

Oriente sugiere el disfrute del TODO a condición de dejar las cosas, de modo que el que venga detrás las encuentre tal y como las hallaste tú: intactas. Sea una montaña, una pradera, una senda, una casa, o… la capacidad de amor de la persona amada. Es por ello que Oriente inventó los iconos para contemplarlos; no necesito manosear el “Pantocrátor” para disfrutar de su visión. La fragancia de una rosa permite disfrutar su perfume sin necesidad de trocearla. El amor es como el famoso pájaro de la felicidad, por más fino que sea el hilo con que lo sujetas, y aún siendo un hilillo de oro de 24 kilates… no deja de ser una cadena para tu felicidad. En occidente “romper” un vinculo amoroso (casi nunca lo és, pero ahora no entraré en ello) conduce al pleito (no por casualidad se llama “sentencia de divorcio”), y se hunden los  “amantes” en un abismo más profundo que el Baikal. Oriente propone el comportamiento del sándalo: “El que ama borra cada noche las heridas y las ofensas del día, igual que la madera de sándalo cuando perfuma el hacha que la corta”. En Occidente sólo se ama a alguien por lo que es; en Oriente -además- , porque sólo la persona amada nos permite ser como somos.

Contemos las veces que en Occidente los padres miran al rostro de sus hij@s y les dicen: “Te quiero mucho”. Las veces que las hermanas les dicen esto mismo a sus hermanos. Y empezareis a entender.

escuchaba mientras: Cavatina


Viajar con tus hij@s. El moreno baila también

julio 23, 2008

Moliendo café. Imperceptiblemente y desde que pisaron tierra, de los 40 principales a la  música que provenía del local más próximo a donde consultábamos un plano urbano, los ritmitos musicales entraron suavito por sus orejas y sus pies se pusieron en marcar ritmitos tropicales de modo involuntario: cumbia, guajira, salsa, etc. Los niños viven encorsetados en la ciudad durante el curso escolar: no saltes en la acera, no bailes en el autobús, no te muevas tanto en la silla, la gente va a pensar de ti esto, la gente te está mirando y pensará lo otro…

Los habitantes de las islas afortunadas tienen temperaturas suaves y eso ha conformado (creo yo) la suavidad de sus formas y comportamientos. Los canarios son dulces y amables en el trato y tono de su voz. Pronto adquieres como propias las expresiones guagua, yelito, agüita, pedir la cuentita, papitas, ¿viste?, qué lindo, ¿si?, sacar la boleta, etc. Yo pronto abandoné las eses finales de las palabras y suprimí el 50% de las consonantes: menuda liberación veraniega. Pero sobre todo el buen humor. “Voy a ponerme las gafas de tela. ¿Conocen ustedes las gafas de tela?. ¿Sí?, ¿No?. Gafas de tela: te las pones, te las quitas, te las vuelves a poner…” y es que conforme te mueves en la isla a distintas cotas de altitud, el sol aparece y desaparece por momentos.

El trato es muy amable, pero dicho así parece un tópico. Es la familiaridad que pronto adquirieron con las personas isleñas y su facilidad de expresar lo que sentían en cada momento del dia lo que justifica que destaque la amabilidad del pueblo canario. Coincidimos con las fiestas del Puerto de la Cruz, la sardinada nocturna junto a las rocas, el multitudinario baño nocturno, y el casco viejo (imprescindible) lleno de gente con la comida a la puerta de su casa. Pero sobre todo la música que sale a tu encuentro a cada paso que das. Llegó un punto en que, además de bajar a bailar al paseo marítimo después de la cena, cambiábamos el paso conforme cambiaba el tema musical que encontrábamos en cada calle.

Como era de esperar, una noche la pequeña consiguió que los “Blue Meridian”  le dedicaran una canción y ella se marcara un baile sola en mitad de la pista mientras el público acompañaba con las palmas. Salvo ese día, la criaturita bailaba esto con su padre XD.


Viajar con tus hij@s. ¡A Guantanamera!

julio 21, 2008

Cuando tus hij@s se sientan medio dormid@s en el taxi esperando oir “a la Estación del Norte” y lo que escuchan es “Al aeropuerto”, la expresión de sus ojos te pagarán con creces cualquier desvelo. “¿Pero no dijiste que lo más importante era la parte del tren?”. “Efectivamente”, les aclaré: “el tren de aterrizaje”. Primera sorpresa desvelada.

Cuando una vez en la terminal de vuelos nacionales sólo quedaba desvelar qué punto de España iban a visitar, me dirijí a las ventanillas 32-33. “Pero ahí pone… ¡Tenerife!, ¡vamos a conocer Tenerife!”. Y es que con los nuevos planes de estudios oiga, la sorpresa más fácil de dar es asegurar que no saldríamos de España, mientras pensaba en las Islas Canarias: ¡a no todo el mundo se le ocurre incluir los territorios de ultramar como parte de España. ¡Pues lo son!; el archipiélago canario es España. Nada me irrita más que haber escuchado a insulares preguntar a los dependientes tonterías como “¿Cuántas botellas de Ron con miel puedo llevarme a España?”. A lo que Rogelio, el chicharrón, respondió: “A España no se lleve nada que ya está usted en ella”. Segunda sorpresa desvelada.

Primera vez que viajaban en avión, primera vez que visitarían una isla de verdad, primera vez que se bañarían en un océano, primera vez que se desplazaban planetariamente en altitud y latitud: “¡Es verdad!, que siempre dicen una hora menos en Canarias!”, y sobre todo, lo más mágico para sus ojos: la primera vez que estaban más alt@s que las nubes. Tantas primeras veces de tantas cosas, que imposible parecía que sus vacaciones se hubiesen concentrado en una sola mañana.

Y aún no sabían “lo peor”. Fué en la ortopédica revista que ofrecen en los aviones junto al horrendo café (David hijo, ¿dónde estás? XD ). “Se han equivocado, han pintado las playas de color negro y la arena tenía que ser blanco”. Comprobación rápida de su hermana mayor y…¡Zas!, tercera sorpresa descubierta: “¿Es verdad lo que dice aquí?¿Hay un volcán en esa isla?”. A lo que argumenté que hasta ahora habían visto ríos en los libros del cole y conocían ríos de verdad; habían visto cordilleras en el libro de Conocimiento del Medio y se habían pateado los Pirineos; en su libro aparecían fotos del mar Mediterraneo y se habían bañado en él; y que justo era si en los libros habían dado los volcanes, les presentara a uno de veras. “Espero que esté muerto ¿no?”, me dijeron. No sé, les respondí, ya lo comprobareis por vosotras mismas: vais a subir hasta su cima: 3.700 mts, el pico más alto de España. Y desde que llegaron a la isla, la música no dejó de sonar: El Puerto de la Cruz celebraba sus fiestas.

Guantanamera versión Mickey Mouse 😉


Viajar con tus hij@s. Como os galegos, tenemos a nosa visión

julio 12, 2008

Apenas dos dias para el viaje sorpresa y de momento sólo saben que ni la Wii viajará con nosotros, ni mi portátil, ni la Nintendo DS lite, ni relojes, ni móviles, porque la maleta debe ir llena de ilusión suficiente como para afrontar la que será su “Aventura 2008”. Que no vayan a hacer nada durante 8 dias es una terapia a las actividades extraescolares y la estresada vida recontraprogramada de los ni@s de hoy dia. Viajan para descansar, dormir mucho, comer sin prisas, y hablar no para informar, sino para expresar sus sentimientos. Eso es -también- aprovechar las vacaciones: no dar ni clavo. Que no me lleve el ordenador es para los hij@s como ver que no vas al EBE por no perder un finde de estar con ell@s. Pierdes karma (¿alguna vez se alcanzó? jajaja) pero te quedas con la mejor parte; o vivir una Campus Party via internet por no estar una semana sin vernos. Que si los jueves hay Beers&Blogs en Madrid,  en las habitaciones de nuestr@s hijos también merece la pena “dejarse ver” porque en ese tipo de evento conoces más a tus hij@s y te pones al dia de las últimas novedades del mercado en tu web social = tu familia. 

Apenas 48 horas para que empiece nuestro viaje y sólo saben que no salimos de España, y que lo más importante respecto al trasporte será la parte del tren. Una pregunta: ¿Es España (ese concepto tan difícil de expresar, según mi hermano el imbécil) suficiente aventura para nuestros hijos?. ¿Son las piedras y los ríos suficiente “farde” para ell@?. Para demostrar que sí, a la hora de la siesta les he ido poniendo desde piedras y agua convertidos por el ojo humano (si le das una semana para contemplarlo y gustarlo) en poemas visuales como Ayahuasca1 y Ayahuasca2, Arribes del Duero (sí, existe), hasta algo tan propio de España como los castillos y alcázares. Pero se ve que, hasta que Arturo Perez Reverte no escriba un best-seller sobre castillos o el Cid, los españoles seguirán avergonzándose de su historia y cultura. Sus hij@s nunca viajarán en el tiempo, pues.


Viajar con tus hij@s. Las Rebajas son más que “diver”.

julio 10, 2008

Cuando las criaturas están en plena “turkey’s age” te permiten vivir experiencias tan emocionantes como acompañarlas a las rebajas. De ordinario lo de comprar ropa solemos planteárselo a los niños como un castigo divino, necesidades domésticas, o al grito aterrador de ¡La vuelta al cole!. Qué pocas veces llevamos a los niños a la tienda Levy Strauss de Alfafar, o de tiendas, para que jueguen a probarse ropa, combinarse piezas, o ponerse por un instante determinados trapos que nunca podrán llevar (altura,peso,precio,etc) pero que siempre que pasan por delante de un escaparate desearían verse vestidos con él.

 

“Si tuvierais que protagonizar una película de aventuras, ¿con qué ropa os gustaría aparecer en la pantalla?”. Mano de santo oiga: “¿y tú?”, me respondieron. La educación para la ciudadmanía no lo tiene en cuenta, pero la psicología evolutiva está para algo. L@s niñ@s necesitan un “tutor” al igual que las plantas, para que el tallo crezca en recto mientras es flexible; l@s niñ@s necesitan un modelo de referencia siquiera para poder rebelarse contra él. “¡Socorro!”, exclamé en Carrefour la noche anterior a preguntarles sobre su futuro de actrices, “¡están cerrando!”. Me dirigí a la carrera por el pasillo de tíos, les distribuí por tipo de ropa: “Búscame unos piratas para cuando me moje en el río, por favor!. ¿Tú podrías buscarme las dos camisetas más estrafalarias que veas?. Gracias”. En un santiamén me había puesto y quitado las seis combinaciones cromáticas posibles entre pantakas y camisetas. 10 minutos, no más. No sólo fueron ellas quienes me eligieron la ropa, es que además aprendieron que cuando un cacho trapo te enamora esa es una buena compra de rebajas. Jugar con la ropa, probarse cosas que te gustan y jamás comprarás. Por razones que ignoro en España a l@s niñ@s sus padres nunca les permiten tirarse al agua vestidos, si quiera una vez, si quiera en verano. No digamos coger una botella vacía de agua y llenándola de una fuente tirarsela por la cabeza para, a continuación, seguir visitando la ciudad, somos tan civilizados… Mis nietas se bañaron de pequeñas un domingo en la mismísima fuente del Heron City, y encima el que pisaba los circulitos era servidor. ¿Para qué coño están los veranos cuando eres pequeño?. Añádase a lo especial de la ropa seleccionada aquella noche, mis exageradas expresiones frente al espejo de los probadores tipo: “wapo estás para lo viejo que eres, macho” – “Essse johnyyy… ¡Sí señor!” – “¡Míralo al neneee, enseñando los calzones (cómo mola) con unos pantalones una talla de más para llevarlos estilo “tás cagao”. En apenas 10 minutos el tema estaba zanjado y salía al parking llevándome a casa la ropa que jamás usaré por la city pero que pienso desgastar esa mágica semana del viaje de aventuras y sorpresas. Mientras abría el coche para regresar a casa resonaba en mi cabeza las notas de “Forgettable tales“.

Al día siguiente, y durante todo el fin de semana pasado, estuve haciendo de “percha humana” mientras ellas se probaban trapos una y otra vez, aplazaban a ver otras cosas en las plantas superiores o en las otras tiendas vecinas. Eso de comprar en las rebajas la ropa que vas a usar en el viaje de vacaciones, le dio como un cariz mágico de quien se uniforma para ser feliz. Me han prometido ponerme un piercing de imán en la oreja. Y un tatoo de los que luego se borran con agua y jabón. “Como dices que allí no nos va a ver nadie conocido porque es como estar en la luna… puedes ir como el Porta. Por cierto, te hemos pillado: has dicho que te mojarás en un río. Osea que hay un río ¿vale?”. Pero dicho así, como quien sabe algo. Jajajaja