Que la crisis sea sólo económica, y no moral

febrero 13, 2009

Lo bueno de saber hacer algo más que ser “blogger” o “internauta” es que, cuando la miseria y el sufrimiento se extienden a lo largo de la geografía humana del planeta como ahora está ocurriendo, nunca te va a faltar trabajo. Solidario, voluntario, no remunerado, pero… ¿trabajo?, cada dia más.

El lunes retomo los estudios y eso me tendrá nuevamente apartado del internet lúdico. Quería dejar colgado en este blog algo que hasta ahora no me había atrevido y que justifique la estancia a quien se equivoque y caiga durante mi ausencia hasta después de los exámenes. Sí, aprobé (laus deo) la única asignatura en la que me había matriculado el primer semestre y eso ha hecho que me anime a matricularme en dos a la vez en este segundo semestre. Fonaments de psicobiología e Història de la Psicología. Siempre dije que había que aprovechar las incoherencias del sistema para sacar partido del Estado, y estudiar en la lengua de Ramón Llull te reduce la matrícula nada menos que hasta la mitad.

El Post: Toni A Martínez no es sólo un tio que se dedica a hacernos sonreir. (y lamento si alguna vez sólo os he dado esa impresión de él). Gracias a él he conocido ACOES y aquí dejo los otros videos de Toni A Martínez.

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Por ti lo haría mil veces

agosto 1, 2008

Cuando Zequiria Ebrahimi (pastún) comienza a avergonzarse de que la gente se burle de la absoluta fidelidad que su amigo Ahmad Khan Mahmoodzadam (parwanar) le profesa, se reúne con él lejos de las miradas ajenas y trata de suscitar su enemistad. Le arroja un caqui que, al estallar sobre el pecho de su amigo, le mancha las ropas de rojo intenso.  Le insulta, le llama cobarde, le incita a que se defienda y le pague con la misma moneda arrojándole también un caqui…

El pequeño pawanar no deja de mirarle de frente mientras es afrentado y, por fin, toma un caqui del suelo y se lo restriega  a sí mismo por la cara: antes eso que hacérselo a su amigo.

A saber qué habría interpretado Occidente.

escuchaba la música de la web oficial de The Kite Runner. Olvidarse de trailers youtube porque no hacen justicia al sentido del film (ni mucho menos a esa obra de arte que es la BSO de Alberto Iglesias).

NB: la pobreza de links es intencionada: Google no ofrecía ni un sólo resultado para esos dos actores. Y es que los sentimientos no están posicionados, del mismo modo que en los libros de economía no existe la palabra “gracias”.


El lado oriental y occidental de un amor de verano

julio 30, 2008

Occidente siempre ha sido derrotado por el Oriente. El primero es inmaduro y frívolo, se detiene en el provecho inmediato y se ciega en lo aparatoso; el segundo atiende al detalle y calcula lo que puede acaecer en el futuro si la sola muestra más pequeña es tan maravillosa. En occidente se acostumbra a obsequiar una caja grande que al destaparla no tiene sino otra caja más pequeña y así hasta que en el fondo aparece la más pequeña de las cajas, en cuyo interior se halla el regalo de verdad. Cuando la gente “rompe” una relación amorosa suele reprochar que la persona amada no era lo que parecía en un principio.

Oriente se explica con aquella expedición de científicos que descubrió un feo  y pequeño polluelo desplumado de una especie jamás vista. Lo metieron en una jaula de su embarcación y se felicitaron por haber cazado una valiosa presa, tan fácil y tan vulnerable. Al rato apareció un ejemplar  de polluelo aún mayor: casi un metro de alto. A éste hubo que cazarlo “en serio”, y cuando finalmente lo tuvieron en la jaula pensaron: “Ya tenemos a la madre y su polluelo”. Pero después irrumpió en la selvática espesura un ejemplar aún mayor: ¡casi dos metros!. Aquí tuvieron que emplearse a fondo y no lograron enjaularlo sin sufrir bajas entre los expedicionarios. “Este debía ser el padre. Ahora tenemos a la familia de la nueva especie completa”. Fue lo último que dijeron antes de ser engullidos por dos gigantescos pajarracos (padre y madre) que acudieron al escuchar las llamadas de auxilio de sus polluelos.  Es el juego de las cajas, pero al revés. No es ninguna frase hecha que “lo esencial es invisible a los ojos”. Y más vale un zorro que una serpiente, como dejó escrito Antoine Jean-Baptiste Marie Roger de Saint-Exupéry.

Occidente es grosero en sus formas:”el tener”; oriente es suave cuando ineractúa “el ser”. Occidente emplea términos como “tengo -tantos- amigos”; oriente dice “seamos amigos”. Occidente se expresa invasivamente “Te quiero” (como un niño malcriado en una tienda que dijera: “quiero un tú”); oriente lo formula de otro modo: “tú eres la persona amada”. En palabras de Erich Fromm, el amor infantil dice “te amo porque te necesito”, mientras que el amor maduro afirma: “te necesito porque te amo”. Por eso cada vez que Oriente afirme: “Tu rostro es muy hermoso”, Occidente probablemente responderá: “Lo siento, no busco sexo”.

Oriente sugiere el disfrute del TODO a condición de dejar las cosas, de modo que el que venga detrás las encuentre tal y como las hallaste tú: intactas. Sea una montaña, una pradera, una senda, una casa, o… la capacidad de amor de la persona amada. Es por ello que Oriente inventó los iconos para contemplarlos; no necesito manosear el “Pantocrátor” para disfrutar de su visión. La fragancia de una rosa permite disfrutar su perfume sin necesidad de trocearla. El amor es como el famoso pájaro de la felicidad, por más fino que sea el hilo con que lo sujetas, y aún siendo un hilillo de oro de 24 kilates… no deja de ser una cadena para tu felicidad. En occidente “romper” un vinculo amoroso (casi nunca lo és, pero ahora no entraré en ello) conduce al pleito (no por casualidad se llama “sentencia de divorcio”), y se hunden los  “amantes” en un abismo más profundo que el Baikal. Oriente propone el comportamiento del sándalo: “El que ama borra cada noche las heridas y las ofensas del día, igual que la madera de sándalo cuando perfuma el hacha que la corta”. En Occidente sólo se ama a alguien por lo que es; en Oriente -además- , porque sólo la persona amada nos permite ser como somos.

Contemos las veces que en Occidente los padres miran al rostro de sus hij@s y les dicen: “Te quiero mucho”. Las veces que las hermanas les dicen esto mismo a sus hermanos. Y empezareis a entender.

escuchaba mientras: Cavatina


Aún tengo que contarte mis problemas

mayo 19, 2008

“Déjame adivinar  -chascó los dedos y apuntó con el índice al detective- , son las variaciones de Goldberg interpretadas por un gato siamés en una grabación que sólo Núria y tú conoceis, ¿me equivoco?”, y soltó una gran carcajada. A Johny le brillaron diabólicamente los ojos. Molesto, él no quiere reconocerlo aunque han pasado algunos años, pero tras aquella pregunta tan borde se sintió molesto (jajaja).  Le espetó: “¿Y se puede saber señor donsabelotodo, qué pega le encuentras tú a lo que estás oyendo?; habida cuenta que sólo eres un loquero profesional y aspirante a cocinero de la Asistant of your mother’s University”. Germán otra cosa no, pero como pianista era un crack: “Quien sea toca de pena, se acelera por momentos y sobretodo, interpreta la partitura siempre con el mismo volumen. Eres tú el que toca ¿no?, y sonrió con lástima al detective”. Johny fue inflexible: “es un japonesito de 7 años, lo tienes en Google. Te ha vuelto a perder la seguridad, Germancito”. “Vale abuelo, en cualquier caso no dejes de escucharlas interpretadas por María Yudina. Y aún me callo un secreto, pero ese será tu regalo de Reyes, ¿Verdád Núria?”. Y guiñó un ojo a Núria que acababa de tomar un sorbo de cava. “Hace un rato erais enemigos acérrimos y ahora os habeis enredado en las variaciones de Goldberg. Está bien, lo asumo: se han juntado el hambre con las ganas de comer, que tiemble esa bruja porque… ¡Uy perdón!, que me has dicho que hasta los postres no hable de ella”.

“¿Pero es que no vais a probar mis espárragos rellenos de salmón?. ¿Y mis rollitos de York con queso azul?. El pastel de bacalao ni lo mirés Germán, que no has querido probar el arroz con bogavante. Entonces… ¿en serio quieres que saque ya los postres?”. Núria le apremió a hacerlo cuanto antes: “Aún tenemos que volver al chalet y mañana a las 8 vienen los del laboratorio y sobre todo: aún tengo que contarte mis problemas, que es por lo que hemos venido esta noche”. Johny ironizó: “Sí, lo see. Es propio de mis mejores amigos los cuales nunca dudan en afirmar que johny es… es… un amigo tannnn especial…” y cortó en seco: “que sólo venís a verme cuando teneis problemas”. Núria iba a protestar, pero se adelantó el detective haciendo gala de sus dotes de ex-actor: “No, de verdad Núria, osea, si yo casi me alegro. Cuando los domingos al anochecer… verás Núria, osea cuando me muero de asco cara a la pared conforme anochece, me doy unos golpecitos en mi propia espalda y me digo: ¡Que suerte tienes joder!, ¡Animo!, todos tus amigos en estos momentos no tienen problemas. Oye, y funciona. ja ja ja” . Núria le lanzó una servilleta a la cara mientras él se encaminaba a la cocina tras recoger los platos. Se giró a Germán: “Nene, levanta tu voluminosa huevera y ayúdame a sacar los postres”. Germán se acordó (y menos mal) lo que le había advertido Núria en el ascensor mientras subían: “Ten cuidado que a Johny le encanta que la gente sea víctima de sus propios prejuicios” y respondió: “De acuerdo, se me olvidaba que a tu edad os resulta imposible que las cosas se os mantengan en pie”. Johny asomó la cabeza por la cocina: “Hueles a gallina”. Y volvió al fregadero. Mientras Germán desfilaba presumiendo de cuerpo serrano con algunos platos en la mano dirección la cocina, Núria le dio un cachete en el trasero que Germán tomó como un piropo. “Uy qué peligro caballero: no sabe distinguir gallinas de patos. Me da usted miedo Sr. Johny. Ja , ja, ja”. Desde la cocina salió un proyectil en forma de plátano justo al pecho de Germán: “Más quisieras, haber tenido agallas para saltar al chalet de la Ojirris”. Y se volvió a meter en la cocina. Germán entró también, dejó las cosas en la bancada y mientras abría el grifo para lavarse las manos, salvó su honor herido para susto de Johny: “Ha sido esta tarde. He secuestrado un pato que a estas horas se encuentra colgado en una polea de obra que tienen…” No hizo falta más: “Germán… o eres un suicida, o eres la horma que esa mafia necesita para su zapato”.

La navidad de los insectos, cortometraje de 1913, Wladyslaw Starevicz

La Biblia (en html) (creo) audio + video(en flash) , en ruso


Подмосковные Вечера

mayo 17, 2008

“Para estudiar alta cocina…”. Como ofendido, pero sin el como: “Psiquiatría, estudio para ser psiquiatra, y muy bueno además; me ofrezco a tratarle: lo necesita abuelo”. “¡Acabáramos!, ¡Un loquero profesional en mi casa!. Pues prepárate Germancito. Observé antes el exagerado gesto de desaprobación cuando encendí mi pitillo; de tan elaborado deduje que lo haces con frecuencia… en tu casa. ¿Me equivoco?. Tu padre fuma. Cualquier psicoanalista lo habría interpretado como un rechazo a la figura del Padre”. Germán se puso rojo como un tomate: “Veo que eres de los que piensan que la mejor defensa es un buen ataque”; y sonrió sin mucha convicción aunque asomaron algunos de sus dientes por el estiramiento que la tensión producía en sus labios. Pasas por alto los más insignificantes detalles Germán; claro: ¡tú vales tanto!, y olvidas que los grandes hombres acaban derrotados porque sus pies están hechos de barro. Cuando antes he invitado a Núria a pasar la Nochebuena con mi familia que viene de Madrid, ella aceptado ilusionada a la primera. Ese para ti  insignificante detalle, me ha permitido descubrir que no la puedes llevar a tu casa a cenar esa noche, de modo que estás sólo frente a tus sentimientos: tus padres no aceptan vuestra relación. Pero es que además parece ser que, a pesar de tus 18 años, tampoco gozas de autonomía suficiente frente a tus padres porque, de lo contrario, habría sido Núria la que te habría invitado a pasar la Navidad con ella. Ya me entiendes, en su casa… y no lo ha hecho. En cambio se ha apuntado sin pestañear a venirse con mi familia. Tú no sé, pero tus sentimientos viven a la intemperie: busca cobijo antes que sea tarde Germán.

Tampoco has sabido interpretar la distribución que he hecho de la mesa. Tu reacción ha sido pueril, querías estar a toda consta junto a ella y los dos frente a mi; no amigo. He colocado a Núria presidiendo la mesa porque es ella la única que nos importa. Es ella la que tiene problemas, es ella la que se va a tener que enfrentar a esa bruja. ¿Y qué armas tiene?: a ti y a mí. Nosotros frente a frente trabajando juntos para defenderla, ¡a ella!, ¡importa ella!, ¡No tú Germán!; ayudarla a vencer las embestidas de esa visionaria y sus artimañas. No lo ves así, y por eso no entiendes nada. Muestras celos por ella y eso te ha llevado a… hacer el ridículo conmigo, me has resultado muy infantil. ¿Conoces al hombre que juega a la PSP con los mandos de la PS2?”. Germán se asombró que también se hubiera fijado en ese detalle; asintió con la cabeza. Pues igual de inmaduro me has parecido tú. Los hombres no muestran su amor así. ¿No lo sabías, psiquiatra de Nueva York?. Cuidado Germán, sigues pasando por alto los pequeños detalles, los sucesos más insignificantes; ellos son los más valiosos cuando estamos hablando de una batalla a muerte por ayudar a Núria frente a esa mafia: tú nos harás perder, es el presentimiento que me ha acojonado desde que te he visto entrar por la puerta. Me das miedo chaval, eres como el cumplimiento de una mala profecía, nuestro talón de Aquiles, la trampa bajo nuestros pies, el niño al que permites entrar en un laboratorio y por su inocencia desencadena una tragedia. Lo siento…” Hizo una pausa, agachó la cabeza y empezó a juguetear con unas cortecitas desprendidas de la panera. Alzó la mirada hacia los ojos de Germán con cierto pudor y le dijo:  “es lo que en verdad pienso sobre ti”. Germán, que lo observaba desde hace rato estudiando su rostro al hablar, entornó sus ojos mientras miraba de frente a Johny, fijó su mirada en el entrecejo del supuesto detective, jugando a mezclar su imagen mental de Héctor, con la de aquel que le estaba diciendo las cosas que tantas veces su mejor amigo, Héctor, le había insinuado.

El reproductor saltó ahora a Dmitri Hvorostovsky, y del fondo del pasillo, provinente del baño que ya se abría, se escuchó una voz alborozada “¡Troshin 1956!. Wow. ¿Recuerdas el karaoke con tocadiscos?. Siempre perdiste  ja ja ja”. Johny comenzó a hablar en voz baja,  para  no ser escuchado por Núria: “Shhh… a Carlos Gustavo Jung no sé, pero a Friedrich Nietzsche creo que le has leído demasiado, como toda tu generación. Os creeis superhombres y no sois más que pobres criaturas acostumbrados a triunfar”. Resultaba extraño verles discutir a escondidas, gritar cuchicheando. Germán quiso interrumpirle adelantando su mano con la palma abierta hacia el viejo detective , pero Johny no le dejó: “¡Sí, sólo os permitís triunfar!”.  Germán se impuso,: “Shhh, ¡Que te va  a oir, coño!.” Pero tampoco estaba dispuesto a callar: “¡Qué sabes tú!, ¡Porqué nos juzgas sin conocer!”. Johny hizo un gesto con sus dos manos dando la réplica de Germán por no ha lugar. “Sois asquerosamente profilácticos a la realidad cotidiana; si la vida no os da premio seguro, la despreciais como “poca cosa” para vosotros. El club de los atormentados, los suicidas, y el falso nihilismo mamado de un enfermo mental que escribió vuestros adorados libros cuando tenía descompuesto la mayor parte del cortex cerebral. Vosotros no seguís al anticristo, seguís a un enfermo loco, y vuestro sufrimiento sólo lo interpretais como algo Collateral. No nos servirás más que para darnos problemas chaval, no conoces el fracaso, no estás acostumbrado a perder (yo en eso tengo muchos masters), de hecho no tienes pinta de haber llorado mucho en esta vida, ¡eres un puto triunfador nihilista!… y un día la cagarás. Lo sé…lo sé…lo sé… he conocido otros. No quisiera que te ocurriera a ti, pero a lo que nos interesa, que es Núria…” Johny hizo aquí una mueca de dolor: “esta canción me recuerda que alguna vez acabé muerto, la  voy a quitar”. “¡No, no , espera. Es sólo… ¿un poco agridulce?”, preguntó Germán. “¿Agridulce?, escúchala a pelo y directamente te cortarás las venas. Pero es tan jodidamente bella…

Karaoke de la canción en: “aprenda ruso fácil“:


Someone to watch over me

mayo 15, 2008

“¿Sabe?, un tipo de su edad que vive solo y tiene que comprar comida cocinada… bah; no tiene asistenta”. El salto fue a parar ahora a Ella Fitzgerald, Someone to watch over me. “En mi casa tenemos cocinera, muy buena por cierto; ella me enseñó todo lo que sé sobre el arte de combinar sabores. Todo en usted es ¿cómo diría?, un quiero y no puedo. Usa portátil sí, pero es un modelo anticuado y además dudo mucho que sepa configurar medianamente ningún dispositivo. Sus cuatro muebles no combinan y tienen ese sabor tan… ¿rancio?, del que le hablaba antes; como su aspecto físico. Eso, unido a que no tiene asistenta viviendo solo, nos situa frente a un sujeto con bajo poder adquisitivo. Si cobra poco es porque no es usted un trabajador cualificado, de modo que su nivel de estudios no debe ser más alto que el de un chaval al acabar la primaria”. Johny saltó: “¡Sí, eso es cierto!, ¿y?”. No sé usted pero yo, a todos los hombres de su edad les he oído siempre decir que más vale vivir de recuerdos que vivir de ilusiones”; ya sabe, por nosotros los jovenes. En cambio usted -insisto- es tan lamentable en todo (arroz con bogavante para cenar es una vulgaridad, perdone que le diga)… reconózcalo, no tiene ni buenos recuerdos a los que aferrarse. Parece como si todo en esta casa esperara un acontecimiento extraordinario que de repente, convirtiera en realidad todas sus ensoñaciones juveniles. Permita que le diga amigo, está usted fuera de circulación: sin grandes pasiones sus grandes aventuras nunca ocurrirán. Por otro lado chirría su aparente optimismo vital porque sabe que el futuro no le va a deparar la persona que no haya encontrado en el pasado. Hoy el mercado es más competitivo, su tiempo pasó; si no triunfó ayer le aseguro -sonrió con sarcasmo apuntándole con el índice- que la película de su vida sólo da ya para los créditos.

Se adelantó hacia el centro de la mesa apoyando un codo sobre el mantel y le hizo un gesto a Johny de que se acercara, como si tuviera que confiarle un terrible secreto. “Núria es mi novia”, y se dejó caer hacia atrás apoyando todo su cuerpo sobre el respaldo de la silla. Johny abrió los ojos de par en par como si le hubieran revelado la receta del huevo frito: “¡Noo mee diiigas!. Germán asintió muy serio con la cabeza mientras dotaba a su rostro con la gravedad propia de aquella revelación. Abrió ligeramente su mano llevándola a una esquina de la mesa y trató de explicarse: “no quiero ahondar en su soledad herida pero, sinceramente abuelo…” se cruzó de brazos, elevó los hombros y lanzó una mirada penetrante a Johny: “invente cualquier excusa ahora cuando venga Núria y demos por finalizado este encuentro. ¿Queda claro?. Núria es mía”.

Johny quedó cabizbajo observando el mantel navideño. Frunció el ceño, apretó ligeramente sus labios; ladeó su cabeza ligeramente primero a la derecha sin despegar la vista del mantel, después hacia la izquierda y, en esa posición, clavó su mirada en Germán: “Me pregunto en qué coño estaban pensando tu padre cuando te hizo”.

escriba en blanco, no le denunciarán


Once upon a time in the west

mayo 13, 2008

En el momento en que se sentaron a cenar sonaba en el viejo portátil “Old Photograhs”. Es el problema de dejar el mediaplayer en modo aleatorio, cuando no sabes lo que va a  dar de sí la velada. (McDave dixit).  Una reducida estancia, con cuatro muebles de saldo, y en palabras de Germán decoración de “estilo gente no identificada”. El ambiente navideño, no obstante, se respiraba igual. Pero al igual que aquella mesa compuesta a base de “tienda de comidas”, una sensación de rancio empapaba a Germán que además de marear el tenedor sobre el arroz sin intención de probarlo, con la música aquella le resultaba si cabe, más duro el mal trago. ¿Cuándo acabaría la cena?. ¿Cuándo se pondrían a trabajar en buscar una estrategia?. A fin de cuentas es para lo que habían dejado en el chalet su pobre ragut con ternera. Pero… “¡Esta música!”, musitó con un gesto de repulsa “exactito exactito” al que le dedicó a Johny entornando los ojos con inquina.

Como una premonición del duelo a lo “far west” que iban a protagonizar, el reproductor había metido ahora a DireStraits. El viejo arqueó su ceja sin dejar de batir la mandíbula  y preguntó con tono provocador: “Qué pasa con esta música, ¿no te gusta?”. -“Es rancia” replicó Germán. -“Ya. Es rancia. Entiendo. Pues es Once upon a time in the west“; Comuniqué, 1979. Dime, ¿ya habías nacido en aquella época o aún no estabas ni pensao?”. Germán volvió a su juego de cambiar algunos granos de arroz de sitio como buscando un diseño inexistente y disparó a dar: “Tener Oido, No Tener Oido, esa es la cuestión”, afirmó en tono despreciativo hacia Johny. Siguió tonteando con el tenedor sobre aquel arroz con bogavante que se negaba a ingerir. Johny se sorprendió que el chaval conociera aquel viejo juego de su antigua escuela; y le hizo gracia,  tanta, que  puede que fuera en aquel momento cuando empezó a considerarlo ya de la familia. Le replicó: si te crees que el dominio del lenguaje musical basta para componer como los grandes maestros estás equivocado chaval, importa la genialidad, crear  Ilusiones Diacrónicas, Imaginería Onírica, Tener Argumento. Germán apartó rápidamente y con malos modos el plato que tenía delante y se encaró con Johny:  Con Algunos Pentagramas Unidos Logramos La Orquesta. Johny replicó de inmediato: Más A Menudo Órquestas Nuevas… y se quedó dudando: había perdido. Supuso que ahora vendría su ejecución. Germán le sonrió sádicamente: “Diosss, no sabes ni jugar. Anda, anda,  Ponme Un Tono Adecuado”. Y señaló al reproductor.

Núria mordisqueaba divertida una patita de bogavante con aquella “cena-espectáculo” que le estaban ofreciendo. Pero consciente de lo que se avecinaba entre aquellos dos hombres se levantó y les dijo sin poder contener la risa: “Si me disculpais, tengo que ir un momento al baño. Ah, y por favor, esperadme : por nada del mundo me quiero perder los postres… “. Ya en el pasillo preguntó: “Johny ¿mazapanes o virutitas de chocolate?”. Éste enrojeció: “Núria pordiossssss. Dejémoslo en algo con café”. Y aquella se reía como ella sola. Johny había conseguido su objetivo, despejar la mente de aquella mujer si quiera durante la cena. Ya habría tiempo para las preocupaciones después.