Las estanterías

Al inicio de la época estival solía hacer una limpieza a fondo de las estanterías de mi habitación. Quien haya hecho alguna mudanza sabrá la cantidad de objetos perfectamente prescindibles que se acumulan, año tras año, en una casa. El rito de ir expurgando libros, revistas, figuritas, carpetas repletas de recortes de prensa, pequeños obsequios e incluso algunos cd’s acumulados durante esa primera mitad del año, se convertía en un ejercicio de mirada atrás y reflexión sobre el paso fugaz de los últimos seis meses de mi vida. Iba metiendo todo en pequeñas cajas de cartón sin orden ni concierto; cajas de cartón que pernoctaban en la terraza, hasta que llegara el momento de cargarlas en el coche que me habría de llevar al chalet que la familia tenía junto al mar.

Al llegar septiembre regresaba la soledad. La familia se iba a Madrid, los veraneantes a sus ciudades y en la quietud de la tarde yo me sentaba en la mecedora mirando al mar. Iba sacando uno a uno los objetos que quedaban de las cajas (al despedirme de los conocidos ya había regalado muchos de aquellos recuerdos) y, o bien no recordaba ni porqué los había conservado en las estanterías, en cuyo caso iba directo a la papelera, o pasaba la tarde releyendo alguna noticia curiosa, un asunto que parecía iba a dar mucho que hablar y en realidad había acabado en nada o disfrutando de la lectura pausada de un reportaje sabiendo que al finalizar, lo dejaría caer definitivamente en la caja de “cosas para tirar”. Cada objeto evocaba una historia. Ay, qué tardes septembrinas de recuerdos y lectura junto a la quietud del mar.

Al regreso de las vacaciones, nada más entrar en casa, descorría las cortinas de las habitaciones, subía las persianas, abría las ventanas y allí aparecían en su austeridad las estanterías casi vacías. Cuánta sobriedad, y qué diáfano me resultaba aquel cuarto; parecía esos pisos de la gente joven que se acaba de independizar. Si bien es cierto que la desnudez de las baldas me enfrentaba a la soledad e intemperie de mi existencia, muy pronto sería sustituida por la cálida y alegre decoración de la navidad.

escuchando “Melancolía“, de Lucas

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2 Responses to Las estanterías

  1. Luis Amezaga dice:

    Vamos acumulando pasado reciclable.

  2. johnymepeino dice:

    jajaja reciclable, esa es la palabra Don Luis. ¡Gracias! 😀

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