No importa el cómo sino el porqué

“¿Esta mariconada es comprada también o la has hecho tú?”, dijo Germán por todo comentario cuando vió aparecer los tronquitos de chocolate foundant con mousse de ciruelas. “¡Perfecto, tampoco te gustan, así los demás tendremos más ración!”. Y pasó al tema que les preocupaba, mientras Núria hincaba la cucharita en el primer tronco que había de degustar en aquella velada. “Has hablado antes de un laboratorio, ¿me puedes explicar de qué se trata?”. “Ah sí, es un laboratorio de control de calidad”. “¿Aluminosis en tu chalet?, ¡ya me extraña!”. “Peor Johny, se supone que debajo de mi piscina están las minas del rey Salomón. Espera que está todo aquí, en el bolso. Te lo he traído para que lo leyeras porque es tan increíble que si te lo contara por teléfono, pensarías que me había vuelto tan loca como ella. Esta es la carta del concejal de urbanismo del pueblo al que pertenecen los terrenos de la urbanización, este es el informe del laboratorio de control de calidad, y este el telegrama…” El reproductor atacaba un peculiar “Oh Holy night” a capella.

Johny se puso las gafas de ver y leyó en silencio durante un buen rato mientras no perdía bocado con el mousse. Con aire despreocupado le acercó uno de los papeles a Núria y le preguntó: “Aquí se han equivocado porque no se entiende la palabra del final, parece que la impresora se ha comido caracteres y sólo se lee oro…”. Núria dijo: “Es que pone oro. Ha dicho que en su terreno tiene una mina de oro”. “¿Queee?. ¿Oro en esa…? ¡Mierda de la que cagó el moro!, ¡Eso es lo único que hay acumulado bajo la capa de hierba!. Y respecto al justiprecio, voto abríos que es eso todo lo que vale: una mierda!. Germán le recriminó su lenguaje y aquella explosión tan temperamental: “Ey viejuno, cuida tus palabras: el lenguaje es el vestido del pensamiento. Con un vestido anticuado, no te ateverías a salir a la calle, ¿verdad?. Pues con un lenguaje obsoleto tampoco”. Johny se justificó: “¡Pero habráse visto tamaño despropósito!. No el tuyo no, acepto críticas y más si vienen de un nene inteligente como tú,  pero esa… Brrr!. Anda, ya que no pruebas mis tronquitos de chocolate foundant podrías hacernos un cafelito ¿verdad chaval?”. Y Germán fué con ganas al desquite de un café hecho al estilo de la asistenta de su madre. “¡Núria pordiosss!, cómo se te ocurre ni remotamente suspender la venta de tu chalet por una gilipollez como esa. ¡Nada menos que una mina de oro!. ¿Y aún me preguntas si tienes que dejar que te pongan el chalet patas arriba?. Lo que tienes que hacer es llamar a los loqueros para que libren a la humanidad de la pesadilla de esa mafia.

De la cocina llegó una solución: “Sólo necesitamos averiguar cómo consiguen lo del oro y ya está todo resuelto”. “Te equivocas, mi obsesión siempre ha sido averiguar el porqué. No me preguntes es… como un tic que tengo desde pequeño”, respondió Johny. “¡Oh sí, ya veo, propio de filósofos de taberna; como su psiquiatría de andar por casa” añadió Germán desde la cocina. Johny miró a Núria y dijo: “Ahora te enseñaré yo un mensaje que me envió por internet, no creas que a mí no me está tendiendo una trampa en el futuro no muy lejano. La muy…”   

sarah mclachlan – O Little Town Of Bethlehem

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