Подмосковные Вечера

“Para estudiar alta cocina…”. Como ofendido, pero sin el como: “Psiquiatría, estudio para ser psiquiatra, y muy bueno además; me ofrezco a tratarle: lo necesita abuelo”. “¡Acabáramos!, ¡Un loquero profesional en mi casa!. Pues prepárate Germancito. Observé antes el exagerado gesto de desaprobación cuando encendí mi pitillo; de tan elaborado deduje que lo haces con frecuencia… en tu casa. ¿Me equivoco?. Tu padre fuma. Cualquier psicoanalista lo habría interpretado como un rechazo a la figura del Padre”. Germán se puso rojo como un tomate: “Veo que eres de los que piensan que la mejor defensa es un buen ataque”; y sonrió sin mucha convicción aunque asomaron algunos de sus dientes por el estiramiento que la tensión producía en sus labios. Pasas por alto los más insignificantes detalles Germán; claro: ¡tú vales tanto!, y olvidas que los grandes hombres acaban derrotados porque sus pies están hechos de barro. Cuando antes he invitado a Núria a pasar la Nochebuena con mi familia que viene de Madrid, ella aceptado ilusionada a la primera. Ese para ti  insignificante detalle, me ha permitido descubrir que no la puedes llevar a tu casa a cenar esa noche, de modo que estás sólo frente a tus sentimientos: tus padres no aceptan vuestra relación. Pero es que además parece ser que, a pesar de tus 18 años, tampoco gozas de autonomía suficiente frente a tus padres porque, de lo contrario, habría sido Núria la que te habría invitado a pasar la Navidad con ella. Ya me entiendes, en su casa… y no lo ha hecho. En cambio se ha apuntado sin pestañear a venirse con mi familia. Tú no sé, pero tus sentimientos viven a la intemperie: busca cobijo antes que sea tarde Germán.

Tampoco has sabido interpretar la distribución que he hecho de la mesa. Tu reacción ha sido pueril, querías estar a toda consta junto a ella y los dos frente a mi; no amigo. He colocado a Núria presidiendo la mesa porque es ella la única que nos importa. Es ella la que tiene problemas, es ella la que se va a tener que enfrentar a esa bruja. ¿Y qué armas tiene?: a ti y a mí. Nosotros frente a frente trabajando juntos para defenderla, ¡a ella!, ¡importa ella!, ¡No tú Germán!; ayudarla a vencer las embestidas de esa visionaria y sus artimañas. No lo ves así, y por eso no entiendes nada. Muestras celos por ella y eso te ha llevado a… hacer el ridículo conmigo, me has resultado muy infantil. ¿Conoces al hombre que juega a la PSP con los mandos de la PS2?”. Germán se asombró que también se hubiera fijado en ese detalle; asintió con la cabeza. Pues igual de inmaduro me has parecido tú. Los hombres no muestran su amor así. ¿No lo sabías, psiquiatra de Nueva York?. Cuidado Germán, sigues pasando por alto los pequeños detalles, los sucesos más insignificantes; ellos son los más valiosos cuando estamos hablando de una batalla a muerte por ayudar a Núria frente a esa mafia: tú nos harás perder, es el presentimiento que me ha acojonado desde que te he visto entrar por la puerta. Me das miedo chaval, eres como el cumplimiento de una mala profecía, nuestro talón de Aquiles, la trampa bajo nuestros pies, el niño al que permites entrar en un laboratorio y por su inocencia desencadena una tragedia. Lo siento…” Hizo una pausa, agachó la cabeza y empezó a juguetear con unas cortecitas desprendidas de la panera. Alzó la mirada hacia los ojos de Germán con cierto pudor y le dijo:  “es lo que en verdad pienso sobre ti”. Germán, que lo observaba desde hace rato estudiando su rostro al hablar, entornó sus ojos mientras miraba de frente a Johny, fijó su mirada en el entrecejo del supuesto detective, jugando a mezclar su imagen mental de Héctor, con la de aquel que le estaba diciendo las cosas que tantas veces su mejor amigo, Héctor, le había insinuado.

El reproductor saltó ahora a Dmitri Hvorostovsky, y del fondo del pasillo, provinente del baño que ya se abría, se escuchó una voz alborozada “¡Troshin 1956!. Wow. ¿Recuerdas el karaoke con tocadiscos?. Siempre perdiste  ja ja ja”. Johny comenzó a hablar en voz baja,  para  no ser escuchado por Núria: “Shhh… a Carlos Gustavo Jung no sé, pero a Friedrich Nietzsche creo que le has leído demasiado, como toda tu generación. Os creeis superhombres y no sois más que pobres criaturas acostumbrados a triunfar”. Resultaba extraño verles discutir a escondidas, gritar cuchicheando. Germán quiso interrumpirle adelantando su mano con la palma abierta hacia el viejo detective , pero Johny no le dejó: “¡Sí, sólo os permitís triunfar!”.  Germán se impuso,: “Shhh, ¡Que te va  a oir, coño!.” Pero tampoco estaba dispuesto a callar: “¡Qué sabes tú!, ¡Porqué nos juzgas sin conocer!”. Johny hizo un gesto con sus dos manos dando la réplica de Germán por no ha lugar. “Sois asquerosamente profilácticos a la realidad cotidiana; si la vida no os da premio seguro, la despreciais como “poca cosa” para vosotros. El club de los atormentados, los suicidas, y el falso nihilismo mamado de un enfermo mental que escribió vuestros adorados libros cuando tenía descompuesto la mayor parte del cortex cerebral. Vosotros no seguís al anticristo, seguís a un enfermo loco, y vuestro sufrimiento sólo lo interpretais como algo Collateral. No nos servirás más que para darnos problemas chaval, no conoces el fracaso, no estás acostumbrado a perder (yo en eso tengo muchos masters), de hecho no tienes pinta de haber llorado mucho en esta vida, ¡eres un puto triunfador nihilista!… y un día la cagarás. Lo sé…lo sé…lo sé… he conocido otros. No quisiera que te ocurriera a ti, pero a lo que nos interesa, que es Núria…” Johny hizo aquí una mueca de dolor: “esta canción me recuerda que alguna vez acabé muerto, la  voy a quitar”. “¡No, no , espera. Es sólo… ¿un poco agridulce?”, preguntó Germán. “¿Agridulce?, escúchala a pelo y directamente te cortarás las venas. Pero es tan jodidamente bella…

Karaoke de la canción en: “aprenda ruso fácil“:

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One Response to Подмосковные Вечера

  1. dideOn dice:

    hello… recuperado del susto, ya que tanto me dijiste que por qué no actualizaba… es que digamos que “no tengo internet a mano” entonces me cuesta encontrar sitio

    cuida.te!

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