Someone to watch over me

“¿Sabe?, un tipo de su edad que vive solo y tiene que comprar comida cocinada… bah; no tiene asistenta”. El salto fue a parar ahora a Ella Fitzgerald, Someone to watch over me. “En mi casa tenemos cocinera, muy buena por cierto; ella me enseñó todo lo que sé sobre el arte de combinar sabores. Todo en usted es ¿cómo diría?, un quiero y no puedo. Usa portátil sí, pero es un modelo anticuado y además dudo mucho que sepa configurar medianamente ningún dispositivo. Sus cuatro muebles no combinan y tienen ese sabor tan… ¿rancio?, del que le hablaba antes; como su aspecto físico. Eso, unido a que no tiene asistenta viviendo solo, nos situa frente a un sujeto con bajo poder adquisitivo. Si cobra poco es porque no es usted un trabajador cualificado, de modo que su nivel de estudios no debe ser más alto que el de un chaval al acabar la primaria”. Johny saltó: “¡Sí, eso es cierto!, ¿y?”. No sé usted pero yo, a todos los hombres de su edad les he oído siempre decir que más vale vivir de recuerdos que vivir de ilusiones”; ya sabe, por nosotros los jovenes. En cambio usted -insisto- es tan lamentable en todo (arroz con bogavante para cenar es una vulgaridad, perdone que le diga)… reconózcalo, no tiene ni buenos recuerdos a los que aferrarse. Parece como si todo en esta casa esperara un acontecimiento extraordinario que de repente, convirtiera en realidad todas sus ensoñaciones juveniles. Permita que le diga amigo, está usted fuera de circulación: sin grandes pasiones sus grandes aventuras nunca ocurrirán. Por otro lado chirría su aparente optimismo vital porque sabe que el futuro no le va a deparar la persona que no haya encontrado en el pasado. Hoy el mercado es más competitivo, su tiempo pasó; si no triunfó ayer le aseguro -sonrió con sarcasmo apuntándole con el índice- que la película de su vida sólo da ya para los créditos.

Se adelantó hacia el centro de la mesa apoyando un codo sobre el mantel y le hizo un gesto a Johny de que se acercara, como si tuviera que confiarle un terrible secreto. “Núria es mi novia”, y se dejó caer hacia atrás apoyando todo su cuerpo sobre el respaldo de la silla. Johny abrió los ojos de par en par como si le hubieran revelado la receta del huevo frito: “¡Noo mee diiigas!. Germán asintió muy serio con la cabeza mientras dotaba a su rostro con la gravedad propia de aquella revelación. Abrió ligeramente su mano llevándola a una esquina de la mesa y trató de explicarse: “no quiero ahondar en su soledad herida pero, sinceramente abuelo…” se cruzó de brazos, elevó los hombros y lanzó una mirada penetrante a Johny: “invente cualquier excusa ahora cuando venga Núria y demos por finalizado este encuentro. ¿Queda claro?. Núria es mía”.

Johny quedó cabizbajo observando el mantel navideño. Frunció el ceño, apretó ligeramente sus labios; ladeó su cabeza ligeramente primero a la derecha sin despegar la vista del mantel, después hacia la izquierda y, en esa posición, clavó su mirada en Germán: “Me pregunto en qué coño estaban pensando tu padre cuando te hizo”.

escriba en blanco, no le denunciarán

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One Response to Someone to watch over me

  1. Qué edad más mala la mía, que vivo de ilusiones por la mañana y de recuerdos por la tarde.

    Refrescante lectura, como siempre.

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