Once upon a time in the west

En el momento en que se sentaron a cenar sonaba en el viejo portátil “Old Photograhs”. Es el problema de dejar el mediaplayer en modo aleatorio, cuando no sabes lo que va a  dar de sí la velada. (McDave dixit).  Una reducida estancia, con cuatro muebles de saldo, y en palabras de Germán decoración de “estilo gente no identificada”. El ambiente navideño, no obstante, se respiraba igual. Pero al igual que aquella mesa compuesta a base de “tienda de comidas”, una sensación de rancio empapaba a Germán que además de marear el tenedor sobre el arroz sin intención de probarlo, con la música aquella le resultaba si cabe, más duro el mal trago. ¿Cuándo acabaría la cena?. ¿Cuándo se pondrían a trabajar en buscar una estrategia?. A fin de cuentas es para lo que habían dejado en el chalet su pobre ragut con ternera. Pero… “¡Esta música!”, musitó con un gesto de repulsa “exactito exactito” al que le dedicó a Johny entornando los ojos con inquina.

Como una premonición del duelo a lo “far west” que iban a protagonizar, el reproductor había metido ahora a DireStraits. El viejo arqueó su ceja sin dejar de batir la mandíbula  y preguntó con tono provocador: “Qué pasa con esta música, ¿no te gusta?”. -“Es rancia” replicó Germán. -“Ya. Es rancia. Entiendo. Pues es Once upon a time in the west“; Comuniqué, 1979. Dime, ¿ya habías nacido en aquella época o aún no estabas ni pensao?”. Germán volvió a su juego de cambiar algunos granos de arroz de sitio como buscando un diseño inexistente y disparó a dar: “Tener Oido, No Tener Oido, esa es la cuestión”, afirmó en tono despreciativo hacia Johny. Siguió tonteando con el tenedor sobre aquel arroz con bogavante que se negaba a ingerir. Johny se sorprendió que el chaval conociera aquel viejo juego de su antigua escuela; y le hizo gracia,  tanta, que  puede que fuera en aquel momento cuando empezó a considerarlo ya de la familia. Le replicó: si te crees que el dominio del lenguaje musical basta para componer como los grandes maestros estás equivocado chaval, importa la genialidad, crear  Ilusiones Diacrónicas, Imaginería Onírica, Tener Argumento. Germán apartó rápidamente y con malos modos el plato que tenía delante y se encaró con Johny:  Con Algunos Pentagramas Unidos Logramos La Orquesta. Johny replicó de inmediato: Más A Menudo Órquestas Nuevas… y se quedó dudando: había perdido. Supuso que ahora vendría su ejecución. Germán le sonrió sádicamente: “Diosss, no sabes ni jugar. Anda, anda,  Ponme Un Tono Adecuado”. Y señaló al reproductor.

Núria mordisqueaba divertida una patita de bogavante con aquella “cena-espectáculo” que le estaban ofreciendo. Pero consciente de lo que se avecinaba entre aquellos dos hombres se levantó y les dijo sin poder contener la risa: “Si me disculpais, tengo que ir un momento al baño. Ah, y por favor, esperadme : por nada del mundo me quiero perder los postres… “. Ya en el pasillo preguntó: “Johny ¿mazapanes o virutitas de chocolate?”. Éste enrojeció: “Núria pordiossssss. Dejémoslo en algo con café”. Y aquella se reía como ella sola. Johny había conseguido su objetivo, despejar la mente de aquella mujer si quiera durante la cena. Ya habría tiempo para las preocupaciones después.

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