¡Zorra!

De haber nacido en los Estados Unidos de América nada de esto estaría pasando, cavilaba Núria encerrada en su habitación, encendiendo nerviosa un pitillo, sofocada aún por lo que habían escrito sobre su puerta. Escuchaba a Henry Purcel. Lo adorada. “When I’m laid in Earth” . A Purcel sí, pero a Germán también. Es sólo que estaba aquello de la diferencia de edad. Núria sabía que, de vivir en Los Angeles, Connecticut, o Alabama,  nadie habría considerado sospechosa a una mujer por casarse con un joven de 18 años de edad. Lo feo son los viejos actores pavoneándose de casarse por enésima vez y con chicas cada vez más jóvenes. Seriedad en los planteamientos del joven que busca una esposa con vistas a perdurar, y un “plus” de animosidad en el cuerpo al ver a una mujer madura con ganas de un joven entusiasta en lo sexual.

Pero España “was different”. Aquí la pulsión ibérica de “lo macho” admiraba tipos como Jaime de Mora y Aragón ejemplo de “Marbellí total” en plena dictadura. Que Fernando Fernán Gómez se decantara por Emma Cohen; Camilo José Cela por Marina Castaño, o Tita Cervera por  Hans Heinrich Thyssen, era normal: eran hombres. Y el poco revuelo que hubiera quedaría acallado al recordar que a principios del siglo pasado, estas parejas no habrían llamado tanto la atención. Era muy común ver hombres casados con mujeres 20 ó 30 años menores. Un viudo con hijos podía perfectamente casarse con una soltera atractiva sin ser mal visto.

Pero cuando la mujer es mayor, su juego (científicamente comprobado sólo en España), es la conquista y claro, él lo que busca es una figura materna de contención. Y para disuadir a las españolas de alterar este orden de disparidad, se habían inventado esperpentos como Sara Montiel o Marujita Díaz. Que quedara claro que a partir de los 50 a una mujer le quedaba o casarse con un viejo o pasear su fogosidad en la barra de los cruceros del Imserso. Pero, ¿hacer el ridículo llamando amor a lo que ella sentía por Germán?, no, de eso nada.  Y estaba claro que los vecinos habían decidido salvar España y volver a poner las cosas en su sitio.

Si los prejuicios sobre el amor existen, el prejuicio es más fuerte cuando la mujer es la mayor, porque a la mujer española entrada en años se le exige estabilidad en su soltería, y si está casada se espera de ella el orden del hogar y la familia. Al hombre, en cambio, más allá de los 50 se le denomina “Madurito interesante” y sólo si tiene mucha pasta “Amigo de verdad”. Una mujer madura con un chico joven aparece como la anomia; en cambio, si el hombre es mayor, concuerda más con el orden patriarcal tradicional. Núria lo sabía, era muy lista. Es sólo que los del chalet del policía, con la vecina de las gallinas a la cabeza , y la díscola retirada casada con el francés, habían decidido recordárselo aquella mañana. Por si se le olvidaba.

escriba en blanco, no le denunciarán

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3 Responses to ¡Zorra!

  1. mahaya dice:

    Y si a una mujer se le ocurre ligarse a uno mas joven que el es que el joven va a sacarla el dinero.

  2. alunizado dice:

    Acertadísimo,Don Nimepeino.

    Por mucho que queramos negárnoslo algunas veces esta España nuestra sigue aquejada de unos prejucios morales enormes,que tratándose de amor joden aún más (si haces caso de ellos,claro).Lo “bien” y lo “mal” visto,lo “aceptable” y lo “no aceptable”.Me parece uno de los mejores ejemplos el de la entrada.

    Sin contar con ese deporte nacional que no es el fútbol sino el enfermizo y desmedido “interés” por lo que pasa en las casas de los vecinos de cada cual.

    Llámalo España was (yo hablaría en presente -is-) different,llámalo “seguimos en el país de la farándula y la pandereta”.Ay,esta España (negra) esta…

    Abrazos,amigo.

  3. johnymepeino dice:

    Gracias a entrambos.

    Y como la realidad supera siempre la ficción (el enfermizo y desmedido “interés” por lo que pasa en las casas de los vecinos de cada cual.), añadí la música “in memoriam” de quienes han sufrido en sus propias carnes tal incomprensión.

    Un abrazo

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