No hay milagrito que valga

Se abalanzó sobre su peculiar teléfono en el escritorio, puso el manos libres y exclamó: “¡Por fín!”. Llegaba un confuso ruido de interferencias, voces de niños desgañitándose, un autocar en plena carretera y entre todos los ecos, su voz: “¿Germán?. ¿Me puedes oír?”. Si su orgullo se lo hubiera permitido Germán habría roto a llorar. Pero no. “¡Núria!, primero lo importante: ¿Cómo estás?”. “Germán apenas me queda batería y dentro del autobús la cobertura es muy mala. Atiende, que se ha suspendido el concierto, que no sabría decirte dónde estamos ahora, si en Almansa, Confrides o véte tú a saber qué. Anulamos lo de esta semana, están pasándome cosas muy extrañas…”.

“Nuria, pero ¿Tú estás bien?. Contesta”. Y ella empezó a desmenuzarle todas y cada una de las contrariedades de su vida y que no, que no quedarían tampoco mañana como le había prometido, y que era mejor dejarse de ver por un tiempo, y que ya le explicaría y así hasta el infinito. “¡Nuria no puedes hacerme eso!, me prometiste que sería sólo una semana. Si me dejas que te lo explique mañana merendando juntos a las seis en el conservatorio… tengo casi resuelto el enigma de porqué nos están pasando toda estas cosas. Pero necesito estar contigo, necesito volver a verte mañana”. “Germán déjalo, es mejor que… “¡Déjalo no, mañana joder!”.

Ella se apartó un momento del móvil y lo miró extrañada. “Germán… ¿me estás gritando?”. Él se llevó las manos a los cabellos mordiéndose la lengua con gesto avergonzado. Apoyó las manos alrededor del teléfono, acercó sus labios al micrófono y dirigió una mirada lastimosa al techo: “Eh, los de ahí arriba, un poquito de márketing con este ateo ¿vale?”.  Al otro lado del teléfono Nuría cedió: “El sábado a las diez paso a recogerte por la mañana, ¿te parece bien Germán?”. “¡Sí Núria, el sábado a las diez estaré abajo!. ¡Y gracias. Cuídate!. Germán miró acojonado de nuevo el techo de su cuarto y exclamó: “Joder qué fuerte, los del infierno no son tan rápidos con mis pedidos”. ¿Había dicho pedidos?: “¡Ey, ey Núria, medio kilo de carne de ternera!. ¿Te acordarás?”. Ella no podía hablar más, sonaba el pitido de la batería. “¿Ternera?. ¿Que compre ternera el sábado?. ¿Qué ocurre Germán?”. Cuando él empezó a gritar “Ternera, ternera, compra ternera” la conexión ya se había cortado.

A su espalda, alguien  le observaba con la mirada atónita y un punto de incredulidad: “¿Germán?”. Conforme estaba de espaldas a la puerta, de pie, apoyado con las manos a ambos lados del teléfono de sobremesa y el rostro muy cerca del micrófono, giró levemente la cara hacia su madre y apenas atinó a decir: “He, he, hola mamá”. Desviando rápidamente su mirada al techo de la habitación parecía estar pidiendo algo.

Su madre, con gesto de más asombro si cabe, al verle mirando el techo, dijo:  “Germán hijo, creo que pasas demasiado tiempo frente al ordenador…”. Él asentía con la cabeza como animando a los del techo a seguir así. “… y sepas que le voy a decir a papá que has estado hablando con esa señora”.

Germán agachó la mirada derrumbado, meneó la cabeza evidenciando el fracaso de su gestión de última hora y sentenció: “No, esta vez no ha habido milagrito”.

escriba en blanco, no le denunciarán

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4 Responses to No hay milagrito que valga

  1. humo dice:

    Este relato me desconcierta.
    Lo de leer una historia con las pausas marcadas por el autor no es tan fácil como podría parecer: se necesita el gen específico que distingue a los que se enganchan a las telenovelas o a los folletines periódicos, y una memoria a prueba de psicólogos con mala leche.
    Pero vuelvo.

  2. johnymepeino dice:

    No es novela, No soy escritor,
    Es un diario personal donde anoto cosas para poderlas recordar en el futuro.
    Sólo es eso, miedo al Alzheimer. Cuando me lean estos textos,
    te juro Humo que recordaré de inmediato qué cosa fue el pasado.
    Siento que -efectivamente- este blog ya no tenga sentido pero,
    No sé inventar historias, Humo.

    Tal vez me haya faltado aquello de “Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”. ¡Eso es!. Debo poner eso en todos mis post.
    Le juro Sra. Jueza de familia que nada de cuanto aquí consta ha ocurrido en realidad. Que yo… ya ve, ni para cenar con los Twitters llego.

  3. mahaya dice:

    Estas madres cotillas…..

  4. johnymepeino dice:

    Más que nada es que las han acosado cotillas con ánimos de molestar

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