El Padre

“La imaginación tiene sobre nosotros mucho más imperio que la realidad”. Hablaba solo en voz alta: “Pasa papá pasa, sé que eres tú, te reconozco por… tu forma de caminar es tan… ¿digamos tan de mi padre? jajaja. ¿Ves esta fotografía? -ni se giró de como estaba situado frente a la pantalla del ordenador-, en realidad es la tierra. Sip, ahora mismo, en tiempo real, tengo instalado Celestia. Puedo hacer que veas amanecer en Turquía. Pero dime, hace días que te noto con ganas, como solías decirme de pequeño cuando me invitabas a hablar de verdad”.

A todo esto, su padre todavía estaba tomando un café con leche para merendar en la cocina. Era tan sólo que, cuando estando solo en la habitación empezaba a hablar en voz alta, su padre se quedaba a cuadros, dejaba lo que estuviera haciendo y se iba acercando lentamente hasta la puerta del cuarto de su hijo pensando: “este chico cada día está peor”. Tenía que decirle a su hijo que cortara para siempre con Nuria, quería decirle muchas cosas, pero por alguna misteriosa razón era Germán quien había decidido que la conversación tenía que producirse ahora, era él quien la había provocado. Aquel chico, ¡siempre saliendose con la suya!.

Se sentó en un taburete junto al sillón del ordenador y Germán comenzó a seducir como sólo él sabía. Puso su mano sobre la rodilla del padre, frente a frente, descansó la otra sobre su hombro y habló: “¿Déjame ver chiquitín?. Qué mal aqueja tu alma, pensaba que tenías que anunciarme una decisión pero veo en tu mirada que ahora dudas. Está jodido el tema ¿verdad?, pues piensa cómo vas a plantearlo porque de pequeño siempre me prometiste que jamás te interpondrías entre el amor y yo”. El padre se separó unos centímetros y retiró las manos de Germán de encima. “Lo primero siempre es lo más importante: Germán eres lo más importante que nos ha pasado a tu madre y a mí en nuestra vida”. Germán agachó la cabeza pero estaba henchido de orgullo: “Lo sé, y muy pocos amigos que conozco pueden sentir lo mismo que yo cuando mamá y tú me decis eso”. Prosiguió el padre: “pero nunca has contemplado ni remotamente la posibilidad de perder, y eso puede hundirte si te tuvieras que enfrentar a lo que todos acabamos enfrentándonos: al fracaso humano. Jamás has desfallecido ante las dificultades y siempre has aportado a manos llenas para conseguir que los demás se rindieran a tus pretensiones de llevarte bien con todos. Escucha: ¿qué ves en ella?, dime por lo que más quieras ¡cómo es esa mujer! para que la prefieras a ella por encima de lo que te pedimos nosotros, incluso por encima de las chicas de tu edad. Germán hijo, con tu físico podrías tener las chicas que quisieras”.

por su forma de golpear el escritorio con los dedos antes de hablar, Nuria enseguida habría descubierto que se trataba de La Campanella, de Franz Listz. Empezaba a intuir tiempos malos. Y esa es la faena de la que el lector (si lo hubiere) y yo, nos ocupamos.

escriba en blanco, no le denunciarán

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4 Responses to El Padre

  1. Luis Amezaga dice:

    Un padre diciendo eso de “con el físico que tienes podrías tener las chicas que quisiseras” suena raro 😉

  2. johnymepeino dice:

    Es más, ahora que lo dice: queda fatal XD

  3. casshern25 dice:

    jajajaja reafirmo a Luis, me dice mi padre tal cosa y después de apartarme cuidadosamente iria a por un termometro para ver si tiene fiebre.

  4. johnymepeino dice:

    Pone: “El padre se separó unos centímetros y retiró las manos de Germán de encima”.
    No pienses mal…
    …del padre XD

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