La muerte

¿A qué lamentarlo, si el polvo que mancha la suela de vuestros zapatos es el descompuesto de miles de millones de anónimos cuerpos humanos cuyos nombres ni siquiera fueron borrados de ningún libro, puesto que sus nombres jamás fueron mencionados.

Pero ved aquí,
que sin tener intelecto, pluma, ni pergamino,
usaron ellos su instrumento para humedecer sus minas
y escribir en ajenos tinteros, en estrechos agujeros.
Escribieron dejando surcos líquidos en otros cuerpos,
rotularon pieles que desearon,
lamieron siluetas que a su contacto jadearon.
Escribieron. ¿Cómo?.
Cada segundo fue un renglón,
Cada instante fue un párrafo,
Cada tiempo fue una hoja,
Cada vida acabada fue su única obra publicada.

Os llevan ventaja amigos: vivieron.
Y conscientes de su nada, fueron rellenando cada celdilla con sus deseos.
No perdieron tiempo pensando qué quedaría de su nada.
Antes al contrario: “Ya que sólo tenemos el hoy, que sea nuestro:
devoremos la carnaza.

A más bocado menos vida, y así aceleraron su postrera nada.
Pero jamás perdieron baza, anotaron todo en el folio diario que les regalaban.
Juntaron mucho las sílabras, omitieron las puntuaciones, así,
escribiendo apretadamente hasta el último milímetro que les dieron para escritura, escribieron sí.
Muerto el autor, al infierno con él marchó su literatura.
Mas… os llevan ventaja

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