Tristán

“No puedo creer que esto sea el final”, apeló él. “Y es verdad, antes, cuando he salido de la piscina, estaba discurriendo la forma de poder seguir en contacto contigo, de prolongar al menos las horas que me quedan de estar juntos. Por eso estaba en silencio, estaba escuchando lo que piensa de nosotros… Uy, ¿y la mosca… ?” . Hizo como que buscaba con lupa algún ser diminuto sobre la barandilla: ” bueno va, -desisitió, sin poder disimular el pitorreo interior que se traía- es igual. Ya se ha ido, ¡pero había una mosca de testigo!. Ella cortó en seco: “He dicho que nos vamos ya , ¿no me has oído?, tengo mucho frío”. Él se dio la vuelta y levantó los brazos asiéndolos por los codos por encima de su cabeza y posteriormente los bajó, dejando sus manos cruzadas detrás de la nuca. Se giró hacia ella mirándola de frente: “Porqué no seguimos viniendo durante todo el otoño, hasta navidad. ¿Lo hacemos?, podríamos hacer excursiones fotográficas por esos montes…” . Ella sonrió sacudiendo su cabeza, con un signo de desaprobación. “Sí por favor. Er… a ver, fíjate en esto: ¿Sabes cómo se llaman esos picos?. Yo lo sé, me los enseñó mi padre de pequeño, que nos llevaba allí de excursión los domingos”. Sentándose sobre la barandilla, abrió enérgicamente las piernas y se sujetó fuertemente con una mano para no perder el equilibrio. “Por Marines viejo, ¿ves aquel de la izquierda?. Ponte ahí. No, un poco más a la izquierda, por donde está el gato”. Saltó tan cerca como pudo de donde estaba el felino observandolos. Dió una fuerte palmada: “¡Quita misho!”. El gato ni se inmutó.

“Es el Gorgo, 907 mts sobre el nivel del mar”. Ella se asombró: “Estás seguro?, tan alto…” Él la miró de soslayo y sonrió travieso: “Fijo, fíate de mí”; se giró a propósito hacia ella para guiñarle un ojo. “Y el que queda a tu derecha es el Moratilla. 819 mts”. Quedó mirando el horizonte como si necesitara encontrar algún otro punto de referencia. Su rostro se recortaba como una silueta transida por los rayos del sol. Ella no quitaba ojo de aquel maravilloso contorno de nadador que se recortaba contra el anaranjado sol de otoño. Se le antojó especialmente viril la nuez que ascendía en ocasiones cuando él tragaba saliva. Sentirse observado y girarse de repente hacia ella fue una sola cosa. Sus facciones se acentuaron para convertirse en abierta sonrisa: “Tristán. A mí el que me mola es el pico Tristán. ¿Nunca lo has conocido?. Te encantaría. Es genial”. Y quedó absorto observandola iluminada por el crepúsculo. “Estás preciosa”, volvió a decirle. “De acuerdo, pero nos tenemos que marchar ya para Valencia”, contestó ella iniciando definitivamente la marcha. Y él, Germán, se dio por vencido.

escriba en blanco, no le denunciarán

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2 Responses to Tristán

  1. Luis Amezaga dice:

    Ni con el maravilloso paisaje caen.

  2. johnymepeino dice:

    Algo del Génesis hay. Muy bueno D.Luis, ni yo mismo me había dado cuenta.
    Estoy anotandome todo lo que no vi al escribirlo y gracias a ustedes ahora sé que lo contaba mi subconsciente sin ser mi “yo” consciente de ello. Gracias a raudales 🙂

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