Lo genuino y el paladar

Gracias a Una mujer desesperada (Educación) y al bueno de Alexliam (La Incomodidad De Que Te Traten Como Un Señor) , encuentro perfecta la excusa para postear sobre el regreso de la Alta Cocina Europea. A modo de “new style”, o moda de gente “cool” o simple toma de conciencia sobre la necesidad de alimentarse bien, Ratatouille ha ayudado a jovenes parejas europeas a redescubrir el gusto de cocinar sin prisas, recuperar el placer del paladar. Por cierto, Nada importa anuncia en su post “Santi Santamaría: Can Fabes y La ética del gusto“, que podeis recibir en vuestra casa el mejor queso curado del pirineo Navarro_Francés que ha probado en su puta vida. Os lo consigue gracias al sommelier del restaurante Can Fabes. Aclarado esto, empieza el post:

 

Es posible. La escuela europea encuentra hueco para educar el paladar. Enseñar también a los chicos a cocinar, y como el que cría bonsais, ama el bricolage, es un presumido geek, o gusta de diseñar su propia ropa, cocinar con buen gusto entronca además con el compartir las tareas de casa. La escuela española debiera hacerlo también (¿no es europea?), en vez de sermonear a los niños con tanta homilía anti-obesa. Se precisa llegar a unos alimentos auténticos, a una cocina genuina y no a ciertos platos impersonales, que tienen raros sabores, y, acaso, muy poco alimento. Ciertas carnes ya no tienen el sabor -y el olor se puede decir- de lo genuíno y auténtico. No comemos la carne de la vaca Pinta o Paca, tan querida por nosotros cuando éramos los niños de la casa; estos huevos un tanto raros que nos presentan en la mesa no son de la gallina colorada, que era la más mala del corral, que todo el día picoteaba a sus compañeras, pero que ponía más huevos que ninguna. Estos embutidos no son del cerdo que con tanto cariño cuidó la vieja abuela cuando era pequeño, cuando le ponía en el regazo para darle un biberón de leche tibia; leche que ella misma había ordeñado de la vaca vieja, de la que tenía casi tantos años como el mozo que se fué al servicio militar, la que “¿no sabemos qué hacer con ella?”, no podíamos matarla, no podíamos venderla; habría sido un crimen después de tantos años, con la cantidad de leche, de mantequilla, de queso que nos había dado; sería lo mismo que haber llevado a la abuela al mercado para ver lo que nos habrían podido dar por ella. ¡No, no puede ser!. Era una más de la familia; y ella lo sabía, pues nos miraba con unos ojos…

 

nuevo post en Zhuque: “¿Será Rodríguez Zapatero un héroe?”

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3 Responses to Lo genuino y el paladar

  1. Seyo dice:

    Siempre he pensado que, si tuviera una granja, sería incapaz de comerme a mis propios animales, esa misma vaca Pinta a la que habría ordeñado durante mucho tiempo. Pero ahora todo es tan… tan, que luego hay niños que se sorprenden de ver un pollo vivo, porque creen que siempre ha sido tan blanco, tan frío y tan repelente como está en la carnicería. Aunque, bueno, como cada vez quedan menos carnicerías, el niño pronto pensará que el pollo nace en forma de muslitos.

    Ya veo la mudanza, ya. Ahora actualizo links, mister. (:

  2. johnymepeino dice:

    Y sin embargo, si supieras lo que me acordé mientras lo escribía, de tu Erasmus y tu verdadera obsesión por el McDonalds jajajaja Tiempos aquellos ¿eh?.
    Por cierto, gracias a contagiarme la Starbucks manía hay gente menuda que ha visto por primera vez que el café no son polvos, sino granos verdes que después se tuestan 😀

  3. […] estos temas:Lo genuino y el paladar,    ¿Fereis un fofo?,    Fiesta (1) ,   Wyatt en África […]

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