Ex votos

Una parte del castillo era utilizado para exponer los exvotos de los que desde hacía tantos años, habían obtenido aquello que pedían a la virgen de todo corazón. Allí estaban los preciosos retablos de Manises, con sus típicos colores y dibujos que los de por aquí pronto reconocemos. El carretero, por encima del cual pasaba la rueda del carro cargado de sacos. O aquel del toro sorprendiendo al labrador en su partida (huerta) y salvado milagrosamente por la Madre de Dios. Las milagrosas salvaciones de las pobres y minúsculas embarcaciones de los pescadores. Piernas, brazos, manos, pies y pechos esculpidos en amarillenta y rancia cera cruzados por tiras de seda de colorines (en las que no faltaba la amarilla rojigualda, faltaría más), manifestaban el agradecimiento de los salvados de los peligros. En aquella misma sala se vendían medallitas, rosarios, estampitas y toda clase de objetos de recuerdo, y ninguno bajaba sin llevar encima para él o para todos sus parientes, que era la costumbre obsequiar. El sacristán, Nelo, era el encargado de atender a los visitantes, un hombre de mediana edad, albino a más no poder, que tenía serias dificultades para ver con unos ojos de un azul mortecino. El castillo en sí era una construcción del siglo XVII de piedra labrada de una sórdida austeridad. Por la parte de atrás del castillo una pared lisa y recta lo hacía inaccesible.

Desde la terraza del castillo se podía ver el que, en mi edad de infante, era uno de los paisajes más bellos que había en toda la Ribera. El verdor intensísimo de los arrozales de Cullera, Sueca y Sollana de una parte. De la otra, Albalat y Algemesí, perdiéndose a la vista bajo la bruma hasta los pueblos de la Albufera. La sierra de Les Agulles nos decían que era el perfil de un hombre gigante petrificado al quedarse dormido en la sierra, perdonad que en aquella época a los niños nos desarrollaran la fantasía con leyendas, no había Harry Potter. Serpiente es lo que parecía el Júcar entre las colinas hasta desembocar en el mar. Más lejos, L’estany, paraíso de los pescadores después de la verde oscuridad de las huertas cercadas por cipreses y adelfas con la lujuriosa exuberancia de las tierras del Brosquil. Cullera se desparramaba a los pies de aquella montaña y se ceñía por un río donde acababan todas las calles desde el cementerio a San Antonio. Igual pensais que ahora teneis poco que ver, lo digo por los que este año no pueden irse de vacaciones. Aprovechad, abrid los ojos, captad lo poco que queda dentro o fuera de la ciudad: cuando seais viejos como viejo es johnymepeino esto de hoy os parecerá un paraíso terrenal. La tierra se desespera.

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2 Responses to Ex votos

  1. LUIS AMÉZAGA dice:

    Una magnífica postal la que nos envía.

  2. Johnymepeino dice:

    Nos la envía el pasado Don Luis, ese tiempo que siempre vuelve…

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