El Castillo

Una excursión obligada para todos los que veraneábamos en aquellos años en Cullera era la tarde en que había que subir al castillo. Desde la plaza de San Antonio, se subía por la calle del Tiro buscando el repié de la montaña. Una senda, perdida en muchos tramos era la subida que trabajosamente nos llevaba arriba de la montaña. Una torre en ruinas asomaba al camino con el color más encendido y luminoso que las construcciones de cerámica hayan podido tener nunca. La montaña, en llegar arriba era un balcón desde el que se podía ver un espectáculo maravilloso. Toda la vuelta desde el faro hasta La Gola mostraba la más bella de las postales de la época. La mar salpicada de muchas embarcaciones que regresaban a tierra y otras que pasaban allá a lo lejos, parecía desde allá arriba una mar más grande todavía. La peñeta del Moro coronada con su gaviota, parecía que la tuviéramos al lado.

El monte se veía tan pelado desde lejos, que unos bromistas lo llamaban “MontPelé”, pero al verlo de cerca, estaba todo cubierto de manojos de plantas capaces de vivir sin agua y sin tierra. Las plantas labiadas crecían con variedad. Romero florido, la pebrella, manzanilla, tomillo, componentes indispensables de la salmorra y hasta entendidos herboristeros encontraban la “eupéptica farigola”, el rabo de gato y otras hierbas para medicina. Los franciscanos que se hacían cargo de La mAdre de Dios, con admirable constancia y esfuerzo heroicos al subir a diario capazos de tierra a pie desde el pueblo, habían conseguido a fuerza de paciencia criar unapinada que era un oasis en aquel desierto de piedra basáltica.

La ermita de la Madre de Dios de la Encarnación era por entonces pequeña y bien ideada. Tenía un aspecto montañés por su localización y tal vez por el olor de los pinos las plantas aromáticas que la rodeaban. La Madre de Dios de la Encarnación era en realidad una bella imagen de piedra nada más, de proporciones menudas, que las grandes vestimentas y aderezzos simulaban más tamaño a costa de borrar la visión de dicha escultura.

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3 Responses to El Castillo

  1. Casshern25 dice:

    Gran descripción querido Johny, esas rutas ahora se hacen no en verano sino cómo actividades de un empresa “bien”.

  2. Johnymepeino dice:

    Es lo que tiene el nuevo mundo: ya nada es familiar.

  3. cabanyal dice:

    Pues los franciscanos ya no viven allá arriba, ¿lo sabías?. Ni falta que hacen, que para urbanizar toda la subida al Castillo no son necesarios ni pinos ni plegarias.
    No hubo dinero para poner un ascensor que les facilitase la subida (están ya viejitos). Pero supongo que sí lo habrá para hacer un entorno “moderno” y atractivo al turismo, ¡qué mierda!.

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