La Gola

A la derecha de la avenida estaba la playa menos visitada. Allí estaban las casetas para vestirse y desnudarse los hombres que iban a nadar, como entonces se decía, al hecho de entrar en el agua buscando la salud o lavar el cuerpo después de un invierno “de secano”. Entre la playa de los hombres y la playa de las mujeres había una gran bandera nacional que dejaba claro la veda entre ambas playas, celosamente vigilada por un viejo municipal de gran bigote y uniforme de milrayas.

En esta zona de la playa es donde nadaban las caballerías. Los amos a caballo con grandes sombreros de paja salían del agua sobre los poderosos caballos , oscurecidos al haberse mojado la piel y reflejando su silueta sobre la arena al retirarse las olas con su espuma como el famoso cuadro de Sorolla que lo inmortalizó.

Cuando llegaba San Lorenzo, de siempre el día más caluroso del año, la gente de los pueblos venían a esta playa con grandes carros de vela, que eran como casas improvisadas donde tenían de todo. Se unían a nuestras tribus y ya todos dormíamos en la arena tan fresca de noche, sufriendo con resignación el ataque virulento de la “mosquita” desde que se escondía el sol y comían paella, como nosotros, todos los días de agosto, por lo cual nuestros mayores venían provistos de patos y pollos que alegraban la arena de la playa con sus cánticos matutinos y correrías a todas horas entre la chiquillería. Fritura de tomate, longaniza, morcilla, embutido en fín para cenar entrepanes jugosos que aquellos niños aún hoy recordamos cada noche de verano. Y todo ello sin faltar las enormes sandías que, enterradas bajo la arena en la orilla misma del agua, aguardaban terminar todas las comidas y cenas entre bromas y canciones durante los dias que duraban aquellas nuestras vacaciones de críos, de baños curativos y preventivos junto al mar.

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3 Responses to La Gola

  1. mahaya dice:

    Ahora se sufriria el ataque no de la mosquita si no de navajeros varios.

  2. Casshern25 dice:

    Con la frase de mahaya, explica de forma increiblemente buena cómo han cambiado las cosas. Hoy en día eso es impensable… dormir en playa al lado de desconocidos, calla calla… la desconfianza y el miedo.

  3. INGELMO dice:

    Tampoco es para tanto… Yo soy de Madrid pero llevo desde abril viviendo muy cerquita de la Malvarrosa y os aseguro que se puede pasear por toda la costa a altas horas de la madrugada sin ningún problema.

    Saludos.

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