Chicas, peces y pescaditos

La pescadera iba diciendo: “¡Chicas, peces y pescaditos!”, para avisar a las mujeres del pueblo, que esperaban a comprar pescado para la comida. De su brazo colgaba el sucio canasto goteando el agua por el trapo sucio y empapado, que envolvía el pescado protegiéndolo del calor. Era tela de saco.

Mostraba los frutos del mar, al levantar el trozo de saco que los cubría y dejaba ver la dorada que, en ocasiones, aún estaba viva. Los peces conservaban su última postura, un bello arco que hacían antes de morirse. Las sepias sucias de la tinta expulsada al verse capturadas, los tentáculos con forma de serpentinas intentando desesperadamente huir del secuestro que habían protagonizado. Las galeras conservaban toda la vitalidad y movían sin freno sus patas, y las espinosas pinzas. El salmonete mostraba su color rojo que recorría su abultado lomo. Congrios con mala cara, grises, serpenteando como mostruosos gusanos. El puñado de pescadillas con las bocas abiertas buscando el aire que les ahogaba al haber sido sacadas del agua, bocas, en definitiva, que clamaban sin voz la crueldad del ser humano, al desarraigarlas del mundo húmedo y lleno de vida del fondo del mar.

A parte de la canasta, envueltos en un trapo másdistinguido, los príncipes del mar, los famosos langostinos de Cullera que criaban las aguas al desembocar en la gola del Júcar. Translúcidos, como el ónix, parecía hechos de caramelo. Fláccidamente removían las patas y cerraban sus colas, cuando la pescadera los exhibía a las compradoras, sostenidos del hilo de sus largas antenas.

Los boquerones y las sardinas cuanto más pequeños más sabrosos para los gourmets más exigentes. Gallo, raya, rodaja de atún, japutas y “cabezones”, que son los míticos pescados voladores. Arañas de mar, ratas marina y tantos que componían la clase plebeya del mar poco apreciada por su exquisitez, pero miembros insustituibles y necesarios para hacer un buen caldo de pescado, para el famoso arroz a banda e incluso ha habido quien quien los ha empleado al cocinar para la mítica “Boullavesa”, reina de Marsella en aquellos veranos del siglo pasado.

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2 Responses to Chicas, peces y pescaditos

  1. mahaya dice:

    Eso imagino que no sera hoy en dia, porque si no la detienen por no tener carnet de procesadora de alimentos

  2. Johnymepeino dice:

    Y no veas lo fresco que se comía el pescado entonces, cuando no había comida basura.
    Sip, hace muchos años de cuando mi abuelo nos llevaba a toda su prole a la playa.

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