Cuando me creí superior a los demás. Confesiones

Confieso que Jorge Galindo ha abierto una via de agua en mi blog: jamás he posteado sobre el tiempo en que me creí superior a los demás. Esto es importante para que no os creais que es oro todo lo que reluce en mi pasado, si bien tampoco es mierda todo lo que huele. Cabe la posibilidad de que esa arrogancia haya perdurado a través de los años camuflada en forma de anarquía y caos de mi pensamiento, a vosotros corresponderá darme caña a partir de hoy en esa faceta latente.
A los 16 años de edad, mis amigos y yo funcionábamos con cuatro verdades que, no siendo empíricas, conformaron nuestros años de juventud que murieron con el advenimiento de vuestra democracia:
1.- Cuando muera el dictador todos podrán hacer ya lo que les dé la gana.
2.- Porqué coño tenemos que esperar a que se muera el dictador
3.- Vivamos como se vive fuera de España: ignorando las normas y la propiedad privada
4.- Si este mundo es injusto y está en crisis, mejor, acabemos con él, no hagamos nada.
A partir de ahí, calquiera que venía a intentar explicarnos el mundo de otra manera, sencillamente: ni le prestábamos atención. Luego es verdad: nos creíamos que ya lo sabíamos todo. Y esto está mal.

Esto no os lo han contado nunca por televisión, es que esto es lo que se vivía desde el lumpen, nuestras familias no eran de clase media, eramos los hijos de la clase obrera. En el colegio era obligado el pelo corto, en la mili “al rape” y los de Cristo Rey… si cuando muriera el dictador podríamos dejarnos crecer el pelo, porqué no empezar desde ahora. Frente al rasurado metrosexual y aspecto “limpio” de los hijos de la nueva España (de nueva nada, que ya duraba casi 40 años), nosotros obviábamos muchas veces el jabón, el afeitado y las ropas variadas. Os mienten: hace 50 años ya leíamos viñetas yankees sobre ecología. Tener una pequeña huerta colectiva a las afueras del barrio en los terrenos que dentro de un año serían fincas, nos permitía consumir algunos productos saliendonos del sistema de producción. Robar libros en El Corte Inglés era revertir la plusvalía de los sobrecostes que la empresa cargaba a nuestras madres en navidad. De comprar libros, lo hacíamos en el rastro o las pequeñas librerías de lance por ser lo más próximo al negocio personal. Os mienten: no pasábamos el dia o follando o drogados. Eso no es verdad. No al menos hasta llegar la heroína y la necesidad de la gente de evadirse, de huir de la realidad aplastante que no ofrecía garantías ni a ellos ni a sus padres.

Adormecíamos nuestras conciencias sí, pero no con opio, sino repitiéndonos hasta la saciedad que si bien no hacíamos nada de provecho, tampoco molestábamos a nadie. No matábamos ballenas, ni focas, ni usábamos oro ni diamantes, con lo que no colaborábamos con la explotación de los esclavos. Que si no luchábamos en Angola junto al Che (qué poco libertario, matar por política), tampoco exterminábamos a los africanos. Que si no hacíamos nada por solucionar la hambruna en el mundo, al menos consumíamos lo justo, porque el consumismo era la comida del capital. Os mienten: jamás tuvimos miedo a otra guerra civil, es sólo que consideramos que serían muy poco “instructivas” las hazañas que ambos bandos pudieran haber cometido durante la guerra civil. De hecho cuando el rey dijo aquella gilipollez del pueblo que no aprende del pasado está condenado a repetirlo, le dijimos algo así como “Vete pa tu cueva”. Porque ni las tribus salvajes de la amazonía cometían en aquel entonces tales atrocidades. Sí, Franco también había matado a nuestros abuelos, pero no por eso nos habíamos vuelto irremisiblemente idiotas. Su república, su cruzada divina y sus guerras con sus 40 años de paz no nos servían: queríamos otro futuro, mejor, distinto. El daño más grave que nosotros infligíamos a la naturaleza era aplastar la hierba cuando nos tumbábamos en ella. Poco más. Ya he advertido al principio: un ideario nada empírico.

Pero tiene razón Jorge Galindo: fuímos unos engreídos “sabelotodo”, pecamos de soberbia cuando apenas si hacíamos que llegar. Pensábamos: hoy es 21 de julio, sábado por la mañana, estamos tumbados en la hierba viendo las nubes pasar, siento en mi vientre el peso de la persona que más quiero, acaricio sus cabellos y no hacemos sino cantar. Venimos a este planeta para poder hacer esto, aunque de vivir juntos con otras personas, podríamos hacer más, pero seguro que sería en este plan. Cualquier otra cosa que decidiera hacer hoy sería menos importante. No estamos haciendo mal a nadie, estamos con todos en paz, la naturaleza es la mejor pantalla de cine. Innecesaria cualquier otra actividad. Ya veis, hicimos de ello una verdad absoluta, un dogma. Yo mismo sospecho seguir buscando (cuando releo a veces el tipo de blog que escribo), alguien que me dijera. “Sí, sí, lo sabías todo, eras el más listo de tu clase, yo habría vivido contigo así” U_U . La arrogancia perdurable de que os hablaba y que gracias al comment de ayer creo que se me cae a cachos por momentos. Creímos poseer ya una idea exacta de lo que era el mundo, cuando apenas llevábamos 16 años en él. Así os ha ido, y así nos fue…después.

5 respuestas a Cuando me creí superior a los demás. Confesiones

  1. Maik Pimienta dice:

    Es la irrefrenable soberbia de la juventud. Un a mezcla de inconsciencia e ingenuidad. Un estado absurdo, pero, en él, casi divino. No lo echo de menos, y lo contemplo un poco como tú, estupefacto y deseoso de tener, de nuevo, todos esos años por delante -ya sé que me tildarás de cínico por poner esto último-.

    Un blogabrazo querido Johnny.

  2. LUIS AMÉZAGA dice:

    No hable mal de usted mismo, para eso ya están los demás😉

  3. Jorge Galindo dice:

    Yo también he creído que lo sabía todo. Y, a qué negarlo (demasiado obvio es para negarlo), aún me quedan ramalazos del estilo (curioso es que cuanto más años tengo, menos creo saber). Y suscribo todas y cada una de las líneas de tu texto.

    Pero, a qué negarlo también, no habría cambiado esa sensación, y todos y cada uno de los hechos que la produjeron y la acompañaron, por nada del mundo. A pesar del error, es un error precioso. ¿A que sí?

    Yo así lo creo.

  4. Jorge Galindo dice:

    PD: Sr. Amézaga, si algo aprendí de la inefable película 8 Millas es lo siguiente: en la batalla final de rimas entre MCs, el protagonista, Eminem, antes de dejar que su rival se meta con él, suelta una parrafada en la que enuncia todas y cada una de las cosas que el otro puede utilizar en su contra. Acaba diciéndole: “OK, ahora cuéntale al público algo que no sepan de mí”.

    Yo lo llamo autocrítica, y lo valoro por encima de (casi) todo.

  5. Toni dice:

    Pero hay cosas malas de uno mismo que hasta que otra persona no lo subraya no somos capaces de verlas.

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