Otoño que te vas…

Con esta imagen me obsequió ayer tarde el otoño que ahora termina. Era la última hoja que quedaba en el arbol. Y el contraste con los nudos y los troncos dormidos, se me antojó ser una parábola de mi existencia. Me llamó poderosamente la atención. ¿Por qué?. Tal vez el ver los árboles cerrandose ya en sus yemas al igual que nuestros corazones. Y es que hasta la naturaleza comprende que hay un tiempo de vivir sólo y hacia adentro. En cambio todos huyen de la soledad, de esa llamada interna de la naturaleza a dejarnos invadir por no se qué sensaciones que el cielo, un tenue rayo de sol o un sonido almibarado, nos recuerdan que es tiempo de crecer un poco más, por dentro. Preparar nuestro interior donde los demás no opinan y aunque quisieran. Que hemos sido hechos para vivir en sociedad pero no para compartir nuestra identidad. Fracasan los enamoramientos porque buscamos siempre en los otros lo que nos falta, “la otra mitad” decimos,en cambio lo que me sedujo de aquella hoja fue su especificidad. ¿Soportamos estar solos?. Es más. ¿Nos reconocemos frente a nosotros mismos?. Nuestro interior debiera ser nuestra fuerza, donde otr@s vinieran a beber, a calentarse, al calor del invierno. Sin prejuicios, sin tabúes desnudar el alma y trasvasar las emociones superando la sulce repugnancia de las horas, de la otreidad. Y esas horas se preparan ahora, el pasado no vuelve ni se mantiene, el futuro no está. “Las Horas”, hermoso libro, jamás lo olvidaré. En cambio, allí estaba la hoja, dulce, solitaria, serena, luminosa, enseñoreada del arbol. Con la soledad en el alma.

En la sobremesa, aproveché para salir al jardín, curioso, porque a las cinco y cuarto el sol ya se bate en retirada. Falta sólo un mes, hoy justo, para que de nuevo el sol empiece a remontar de nuevo para conducirnos a la temporada de máxima luz solar. He preferido hacerlo en silencio:”Oir el silencio”. Qué gozada. Sentir junto con la brisa suave y fría, el sol en la cara. Los ojos… imposible cerrados, el alma callada. Saboreando el momento y la compañía que no por inexistente deja de ser por mí esperada por tanto disfrutada. Tal vez, algún día, alguien se canse de este mundo y se atreva a volar sin rumbo, sin proyecto, sin bandera, sin molde.
Bueno que me voy por donde no toca, yo y mi transparencia…😀 Me he sentado tomando el café y con el único objetivo de contemplar los rayos de sol sobre el cesped y observar las múltiples sombras. Un mismo mundo, un mismo día de fiesta para todos pero… el espectáculo estaba al aire libre y esos… esos son fugaces, como las lluvias de estrellas en agosto, el arco iris al final de la tormenta o un ave que mañana tras mañana se posa en el alféizar de mi ventana. Era un hermoso sol y había sido una hermosa mañana.

Definitivamente le agradezco al sol de la tarde sus colores. Y así, tumbado mirando al cielo calculaba los millones de seres humanos que en aquellos momentos estaban dejando pasar uno de los atardeceres más hermosos de este año. Ya no volverá, y además amenza histeria colectiva de navidad. En cambio lo de ayer tarde… era un regalo para los sentidos, y el alma (mi soledad incorporada) ascendía como perfume suave en el ocaso de la tarde.
Si por algo me gusta el otoño es porque nos invita al misterio de la soledad última: la muerte. Antaño, si quiera por los paseos vespertinos a la salida del pueblo hasta alcanzar las puertas del cementerio, el atardecer claro oscuro nos impregnaba de misterio: ¡Qué sólos se quedan los muertos! y sin embargo, nada permanece por siempre. Se termina una jornada, se termina el fin de semana que se anunciaba como lo más grande por venir, y ahora finaliza el año que irremisiblemente se perdera hasta en nuestras memorias. Se perderán las horas perdidas, todo y por insistir en que los demás o nosotros no… no nos ajustamos. (Reir, pero es así :D). Queda la experiencia, la madurez gratuita, la tinaja vieja, la quietud del alma, la sabiduría no escrita, nos queda la soledad en el alma, pues viejo ya no se cotiza.. Si pinchais en la foto podreis ver qué mirada me echaba ayer tarde el sol.

3 respuestas a Otoño que te vas…

  1. Jose dice:

    Johny,

    Tienes mucha razon, al final de esta vida, que nos queda? Al final venimos y nos vamos solos. Tan solos como la hoja de tu foto.

    Y pensar que que gastamos nuestras vidas preocupandonos de gafedades, cuando podriamos estar disfrutando de lo que tenemos.

    Saludos desde Minnesota.

    J.V.

  2. wanglen dice:

    al final de esta vida quedarán… los valientes

    me ando propagandeando
    VOTA POR MI para miss blogger 2005 ¿ya?
    http://www.designia.box.cl/clubtobby/default.asp?offset=31

  3. Jose dice:

    Me alegro que disfrutaras de la tarde otoñal. Sobre todo por que dentro de nada, la tarde se convertira demasiado pronto en noche, y no habra que mucho que disfrutar. O al menos en el mismo sentido😉

    Me alegro de que te gustara mi blog. Gracias por hacerme una visita, y ya sabes donde estoy. Yo me asomare por aqui de vez en cuando🙂

    P.D.- Que odie los acentos (tildes) no tienes que ver con que odie que los demas los usen😛

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