Meu coração de criança

Bueno pues esto va más deprisa de lo que me esperaba. Atrás quedó septiembre el mes de los re-encuentros, ya en octubre empecé a disfrutar de mi tríada prodigiosa: el otoño que tanto amo, el introspectivo noviembre y mi 365 días añorado mes de la navidad: mi mundo mágico. Snif!. Noviembre, cambios de foto en el perfil y otras cosas que irán entrando esta semana. A las 19:00 horas ya enciendo mi nueva lamparita de la sala de estar y me dispongo a leer/escribir con las luces de la ciudad al fondo. Soy afortunado de poder ver el mundo desde aquí. Este mes me acompaña Caetano Veloso . Lo dicho, introspección. Vida hacia adentro. Me encanta observar todas y cada una de las luces de la ciudad, las intermitentes que aparecen y desaparecen aquí o allá por el frío, por la fatiga de mi retina, por el viento que zarandea las ramas ya desnudas de los árboles caducifolios. Las serpentinas rojas moviendose perezosamente conforme se deslía el atasco de entrada a la ciudad. Las fugaces -nunca sabré- . Y de cuando en cuando las sirenas de policía que, quieras que no, le da a esta capitalucha de provincia un aroma y un ambiente a lo “Canción triste de Hill Street”. Noviembre, nuevo mes, nueva edad (Esta noche me hago más viejo). Jamás soñé poder alcanzarlos. Y sonrío a esta fría noche que me baña en su quietud y saludo a las horas y los días que van llenando mi existencia, mi corazón vagabundo. Un beso.
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