Bee season

Acabado el bote de té negro ayer tarde comencé a degustar mi inseparable “capoftí” , ahora ya de té verde. Llovió. Y de lo lindo. Qué le voy a hacer si a mí me encanta. Es lo que tiene el otoño. Es lo que tiene la lluvia. Te permite apagar la luz y dejarte llevar por cualquier música interpretada sin voz. Nada que ver con la frontera marroquí. El asunto suscita muchas voces en los medios y bastantes gritos en las alambradas. Los soldados del tercio ya han comprendido qué significa exactamente la expresión “terrores nocturnos”. Nada que ver con las pesadillas infantiles aunque a esta no le falta de nada, de pesadilla digo. El estatut catalá también tenía un negro futuro y ahora, ahora digamos que como texto legal está un poco verde.

En la sobremesa miro a través del cristal de mi ventana (guay, ya la cierro y todo) y me acuerdo de los turistas. Pobrecitos, jamás están cuando de verdad mola estar aquí. El azul del mar es infinito, nunca verán estas playas inmensas (sin ellos) libres de sombrillas, tumbonas, puestos de helados, lo cierto es que es ahora cuando se agradece un paseo tras la comida para tomar el sol. Pobres, quién les habrá engañado. Nunca sabrán lo agradable de entrar en un restaurante cara al mar sin necesidad de reservar mesa, con una carta de precios “anoréxicos perdidos” si la compararan con las que vieron en verano en el mismo restaurante. Como los clientes son numéricamente atendibles, las cocineras pueden dedicarse a elaborar las comidas sin estrés con lo que los platos ganan en calidad. Y ¡qué! , vas a comparar un vino que no se enfría ni con hielo, una sudada a golpe de bocado, un ambiente carente de silencio, por no hablar del helado. En verano preguntas al de al lado: “¿Qué tal te va?” y cuando vuelves tus ojos al helado de tres bolas en forma de torre ya se ha convertido en batido de tres sabores. Ahora en cambio puedes abandonarte a la conversación de la sobremesa (verdadero motivo de invitar a alguien a comer) y el helado sigue ahí, impertérrito, manteniendo el tipo y la frialdad. Es otoño. Pobres turistas. Quién les habrá engañado. Poner crema protectora sobre una piel tersa y suave sin saber qué cosa sea el sudor. Vamos, es que la paseas con gusto. Y percibes al cien por cien su aroma

Mientras llueve degusto mi “capoftí” mentalizandome que debo invitarme al cine antes de navidad: Los norteamericones preparan su nuevo desembarco salvador, esta vez espiritual. Sí señoor, me encantan estas negradas 😀 . Podría adentrarme en el fascinante mundo de los pasapalabras pero repente, me he dado cuenta de algo: que en las españas lo que necesitamos son muuuchos campos de golfpara acabar con la sequía ;

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One Response to Bee season

  1. Anonymous dice:

    Enjoyed a lot!
    »

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