Le llamaban Johny
El detective se llamaba… digamos juan. johny para los amigos. No era un hombre inteligente, más bien todo lo contrario, pero incluso a los desconocidos los trataba como si fueran de su propia familia. Bueno, a todos salvo a Germán, pero es que éste entró en la casa con tan mala uva… Cuando Nuria y Germán entraron en la casa, johny estaba dando vueltas en torno a la mesa aplisando una servilleta aquí, ajustando el paralelismo de los cubiertos allá, mientras cantaba con la otra mano metida en el bolsillo: “Be-sos, ternuuu-ra, qué derroche de amor, cuan-ta lo-cuuu-ra. Oh yeah”, acompasando con sus paticas cortas el ritmo de lo que estaba canturreando. Nada más entrar en el salón Núria se encargó de presentarles: “Germán, te presento a Johny. El muchacho lo examinó de arriba a abajo y se hacía cruces de cómo aquel tipo rechoncho, calvo y sin presencia, podría constituir un objeto de deseo para Nuria. ” Diosss, ¿Pero qué es lo que verá Núria en este viejo?. ¡Con lo bueno que estoy yo!.” La primera reacción del detective, sin embargo, fue preguntarles a bocajarro: “¿Sois novios?”. “¡Sí!” respondió Germán desafiante. “No”, apenas susurró Núria. “Bueno, da igual, pronto lo sereis. Enhorabuena”, les dijo johny sin prestarles demasiada atención. “Escucha, ha estado merodeando…” se precipitó ella. “Sshh… cada cosa a su tiempo querida Núria. Primero nos espera la cena: Arroz con langosta”.
“¿Langosta?”, preguntó Germán con indignación culinaria. “Por el olor…diría que en esta casa no se cocina desde hace días”. Núria intentó conminar a Germán a que dejara de ser tan borde, pero johny la disuadió con un gesto aceptando como necesario aquel primer envite. “Es de Casa Consuelo. Ya sabes Núria… comidas para llevar. Voy los jueves y cargo para todo el fin de semana”. “Precocinada… qué asco”, murmuró Germán.
El detective, que se dirigía ya hacia la cocina, se giró pausadamente, arqueó las cejas y por encima de sus gafas de pasta miró a Germán. Habló a Núria: “Dile… al niño, que se lave las manos y se siente, que ya voy a sacar los platos”. Lo de “niño”, fue su sentencia de muerte.
“¿Langosta?”, preguntó Germán con indignación culinaria. “Por el olor…diría que en esta casa no se cocina desde hace días”. Núria intentó conminar a Germán a que dejara de ser tan borde, pero johny la disuadió con un gesto aceptando como necesario aquel primer envite. “Es de Casa Consuelo. Ya sabes Núria… comidas para llevar. Voy los jueves y cargo para todo el fin de semana”. “Precocinada… qué asco”, murmuró Germán.
El detective, que se dirigía ya hacia la cocina, se giró pausadamente, arqueó las cejas y por encima de sus gafas de pasta miró a Germán. Habló a Núria: “Dile… al niño, que se lave las manos y se siente, que ya voy a sacar los platos”. Lo de “niño”, fue su sentencia de muerte.
Febrero 8, 2008 a las 9:25 am
Pobre German es un metepatas.
Febrero 10, 2008 a las 10:43 am
Me tiene usted enganchado a la historia,señor mio.Gracias!!
Un abrazo.
Febrero 10, 2008 a las 11:52 pm
Hay olores que se apropian de una casa y que aquí no debemos mencionar.
Febrero 12, 2008 a las 10:46 am
Oiga Don Luis, que en esa casa olía a Magnolias, se lo aseguro jajajaja. Mahaya si “meter la pata” es ausencia de diplomacia Sí: Germán se expresaba tal cual se sentía. Alunizado ¿Es posible que “esto” enganche?
Febrero 21, 2008 a las 9:40 am
ehhhhhh
¿Que pasa que continuas?
Febrero 25, 2008 a las 5:54 pm
¡QUE LE CORTEN LA CABEZA!…al niño digo…jijiiii…que gusto leerteeeeee, sisisisssiiii,hoy si lo entiendoooo…
besotes, y oye, tengo guardadas tus pantuflas
Marzo 6, 2008 a las 4:40 pm
Sr. Mepeyno, ¿está Vuesamercé fatigado de ilustrarnos? Por favor, continúe…
Marzo 20, 2008 a las 9:46 am
Lapsus dados los acontecimientos que precipitándose acaban mezclandose con lo que se escribe. Cuando las aguas vuelvan a su cauce, reemprendo el tema.